Columnas

Ayer y mañana (ojo candidatos)

"En recuerdo de Plutarco Naranjo y Alfredo Cevallos Carrión"

Ayer fue día de los Santos Inocentes. Herodes hizo matar niños por miedo a perder el poder. Yo me acuerdo igualmente de la mortalidad infantil en el Ecuador y en la del mundo, pero para compararla con la nuestra, que está subiendo de nuevo. La COVID-19 ha hecho su perverso trabajo en los menores de un año y, sobre todo, ha obligado a descuidar otras atenciones de salud por dedicarse prioritariamente a los afectados por la pandemia. Por ello también ha subido la mortalidad materna: vieja vergüenza de la salud pública nacional.

En el año que viene hay que nivelar la balanza de la atención médica, incrementando la atención primaria en todo el ámbito territorial y tratando de fortalecer la promoción de la salud y los hábitos saludables, esos que cultivan el bienestar físico, mental y social. Necesitamos un pueblo sano para poder ser un pueblo productivo, y ese pueblo sano empieza en las madres bien nutridas, en los recién nacidos con el peso adecuado, en su alimentación brindada por mujeres aptas para ofrecer una buena lactancia.

Ojalá algún candidato se propusiera reducir la mortalidad infantil y la materna. ¿Se atreverá algún aspirante a la Presidencia de la República a ofrecer ese avance social que a lo largo del tiempo será también un avance en desarrollo intelectual, si se acompaña con buena educación preescolar y escolar?

Conviene recalcar que siempre el desarrollo intelectual hará posible un mejor desarrollo político y este permitirá un más equitativo desarrollo económico. Nuestro subdesarrollo general es producto de un ostensible subdesarrollo biológico. Esto se viene diciendo desde Eugenio Espejo, después se ha comprobado con autopsias: en edad semejante el cerebro de un niño desnutrido pesa la mitad del cerebro de uno bien nutrido pero, pareciera que se prefiere licitar obras públicas o comprar insumos médicos. (Bien educar y cuidar la salud jamás ha enriquecido a nadie vertiginosamente.)

Por supuesto, combatir la desnutrición infantil significa también combatir el hambre y, por paradoja, en países como el nuestro, también hay que combatir la obesidad.