Columnas

Apología del libre comercio

En todo caso, el libre comercio es un factor de generación de empleos y es vital lograrlo.

Recientemente, y con las debidas medidas de seguridad, todos los asistentes con mascarillas y con la necesaria separación física y el alcohol en las manos como elemento de bienvenida, en la Cámara de Comercio de Guayaquil se presentó el libro Libre comercio, subtitulado: El algoritmo del progreso. Sus autores, dos compatriotas de gran preparación académica, Franklin López Buenaño y Pablo Arosemena Marriott. Doctorado en Economía en la Universidad de Tulane, Estados Unidos, el primero y doctorado en Economía del Eseade, Argentina, el segundo.

Ambos ostentan maestrías y diplomados en diversos campos del saber humano y exhiben práctica docente y reconocimientos nacionales y extranjeros.

En su libro, prologado por la floricultora Bernarda Mena Romo-Leroux, nos pasean por la prehistoria y la historia del comercio hasta llegar al capitalismo moderno y avanzar luego a la afectación causada por el coronavirus a la economía mundial, destacando los enormes riesgos a que somete la pandemia a los sectores laboral y financiero, pudiendo llegar en muchos casos a la quiebra de empresas.

A continuación se debate el qué hacer y el enfoque se vuelve optimista; la situación negativa pareciera que empieza a revertir. Se hacen sugerencias de cómo superarla en el Ecuador y se presentan cuatro conclusiones y una final: el comercio es siempre y en todo momento el mejor camino a la prosperidad. El libro, cuya lectura recomiendo, incluye un texto de Bastiat, economista francés de lenguaje claro, lúcido y directo.

Sin duda, el libre comercio ha sido y es un factor clave en el avance de los pueblos hacia su autonomía y desarrollo. Muchos líderes mundiales lo han favorecido en la medida que también se protejan los derechos de los consumidores, en múltiples ocasiones sometidos al abuso de comerciantes inescrupulosos, cuyo control requiere la intervención del Estado, dado que, como en el caso de nuestro país, no se cuenta con un mercado que, dejando de comprar a los estafadores, puede contribuir a regular precios.

En todo caso, el libre comercio es un factor de generación de empleos y es vital lograrlo.