Nueva arquitectura ecuatoriana

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Nueva arquitectura ecuatoriana

Esta arquitectura ecuatoriana se está mostrando al mundo como la posibilidad real de ser contemporánea, pero con un ancla en sus raíces culturales

En el año 2014, en la XIX Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito obtuvo el Primer Premio Nacional e Internacional una casa construida en caña guadúa diseñada por el arquitecto Enrique Mora, en el recinto Convento de la provincia de Manabí.

En el texto del veredicto se reflexionaba sobre el porqué de haber elegido esta sencilla -y, a la vez, compleja- obra. Decía el jurado: “Aparentemente alrededor del mundo la ideología consumista prevaleciente tiende a elevar a la arquitectura fuera de los niveles fundamentales del habitar y de la experiencia humana; creemos que es necesario ir hacia propuestas de espacios con sentido colectivo en lugar de imágenes comercializadas y de dudoso valor estético”. Dos años más tarde, los premios fueron para el Cabañón DLPM, ubicado en Las Tunas, provincia de Manabí, de los arquitectos Alejandro González, Juan Carlos Bamba e Ignacio de Teresa y para El Tallercito, en Babahoyo, diseñado por el colectivo Natura Futura.

A estas propuestas hay que sumar el trabajo de las oficinas de arquitectura Frontera Sur -con proyectos como La Comuna-, Al Borde -en el Comedor de Guadurnal- y el trabajo de arquitectos como Jorge Morán, Eduardo MacIntosh -en el Mesón del Quijote- y Robinson Vega, quienes plantean la necesidad de conciliar la vanguardia con la recuperación de la tradición, tanto espacial como constructiva, principalmente en el uso del bambú y de la caña guadúa, en la que Morán fue pionero en proyectos como la Biblioteca del Bambú de la facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil-, realizado junto con Robinson Vega. En ese sentido, se empieza a entender a la contemporaneidad en el diálogo entre lo aprendido a lo largo de los siglos -a través del manejo de materiales y sistemas constructivos ancestrales y la comprensión y reinterpretación de los modos de vida- y las nuevas cuestiones proyectuales propias de la modernidad. Esta arquitectura ecuatoriana se está mostrando al mundo como la posibilidad real de ser contemporánea, pero con un ancla en sus raíces culturales.