Columnas

Guayaquil y París

"Si antes el Guayaquil soñado sirvió de ejemplo para París, hoy el París real nos permite soñar en una Guayaquil diferente"

El 14 de abril del año 1919, el prefecto de la Seine de la ciudad de París presentaba al Concejo Municipal un informe donde indicaba: “…se ha creado toda una escuela francesa [de urbanismo] cuyas opiniones y obras son autorizadas, y cuyos maestros se han afirmado con brillantez en los concursos internacionales de Barcelona, Amberes, Guayaquil y Chicago”. Se refería al proyecto no realizado de la New Guayaquil del año 1906, que pretendía construir una nueva ciudad en la orilla opuesta del río Guayas, en Durán, en terrenos adyacentes a la terminal ferroviaria. Con el proyecto ganador, su autor, el francés André Bérard, hacía su ingreso como miembro fundador de la Sociedad Francesa de los Arquitectos Urbanistas.

Hoy, poco más de un siglo después, es París la que sirve de referente para emprender los cambios que permitan transformar las ciudades en sostenibles y más humanas. Su alcaldesa Anne Hidalgo ha emprendido profundas reformas urbanas que han ido superando las primeras protestas ciudadanas. Los cambios no son fáciles de asimilar, sin embargo, en la actualidad, goza de una alta popularidad que le ha permitido acceder a la reelección.

El plan se concreta en la idea de la “ciudad de los quince minutos”, es decir aquella en la que los ciudadanos puedan tener accesos a servicios tales como salud, educación, mercados, administración, entre otros, con un aumento significativo de espacios públicos, áreas verdes y lugares de encuentro que fomenten la interacción social, económica y cultural, incorporando el modelo de supermanzanas, ya implementado en ciudades como Barcelona, Tokio o Vitoria.

Se complementa esta visión con un nuevo plan de movilidad con carriles exclusivos para bicicletas, tanto temporales como definitivos, además de ir incrementando el uso de vehículos no contaminantes y fomentando la transportación pública de calidad. La idea es ir planificando pero también construyendo sobre la marcha.

Si antes el Guayaquil soñado sirvió de ejemplo para París, hoy el París real nos permite soñar en una Guayaquil diferente.