Columnas

De gris a verde

Lo que es claro es la meta por alcanzar: pasar de ser una ciudad gris a una ciudad con la mayor cantidad de áreas verdes posibles, que sean útiles, cercanas y accesibles...

Para un promotor inmobiliario las áreas verdes suelen ser consideradas espacios desaprovechados sobre los que no se puede obtener rentabilidad, y así se suelen diseñar -y aprobar- las urbanizaciones, sobre todo las de interés social, a pesar de las normativas existentes y de los altos costos ambientales y sociales que esto acarrea.

La vista aérea de Guayaquil arroja enormes extensiones grises con pequeños atisbos de verdor, sin embargo de que se sabe que el arbolado urbano no es un lujo ni un elemento accesorio del paisaje, sino que los árboles y las áreas verdes son indispensables para garantizar la calidad de vida, el ocio y la seguridad de los ciudadanos. Se considera, por tanto, que tener acceso a áreas verdes suficientes, cercanas, bien distribuidas, que sean públicas y gratuitas, además de ser accesibles, debe ser considerado como un derecho ciudadano.

La pregunta es: ¿cuánto de áreas verdes es suficiente? El Marco de Monitoreo e Indicadores para las Metas de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas establece que en las ciudades se debería contar con una superficie de áreas verdes que abarque al menos el 15% de la superficie total del área urbana construida, aunque, evidentemente, esto depende del contexto climático y ecológico de cada lugar.

Las metodologías para la medición de áreas verdes de una ciudad como Guayaquil varían tanto que, por un lado, el Instituto Nacional de Estadística y Censo, estableció que tendría 1,13 m²/hab, mientras para la Municipalidad se sobrepasarían los 7 m²/hab. La diferencia está en la inclusión de grandes extensiones verdes a las que no se puede acceder en áreas periféricas a los asentamientos, por lo que no pueden ser consideradas útiles.

Lo que es claro es la meta por alcanzar: pasar de ser una ciudad gris a una ciudad con la mayor cantidad de áreas verdes posibles, que sean útiles, cercanas y accesibles, a no menos de 300 metros de los habitantes y que su uso sea cotidiano, de manera que permitan la interacción social, mejoren las condiciones ambientales del entorno y las condiciones estéticas de la ciudad.