El derecho de no sufrir

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El derecho de no sufrir

Decía Ramón Sampedro: “Considero que vivir es un derecho, no una obligación”. A veces también la vida es una violencia indebida

En 1964 Simone de Beauvoir publicó Una muerte muy dulce, una de sus obras más personales, en la que relata las últimas semanas que vivió junto a su madre aquejada de un cáncer terminal. De manera desgarradora reflexionaba sobre la relación madre/hija y sobre la vida y la naturaleza de la muerte. Decía: “No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida”.

En Mar adentro, aclamada película española que obtuvo el Óscar a mejor cinta extranjera en el 2004, Javier Bardem daba vida a Ramón Sampedro, quien luego de treinta años de haber quedado tetrapléjico, y de largas batallas judiciales, finalmente puso fin a su vida ayudado por once amigos, quienes cumplieron con una parte del proceso de asistirlo a morir sin que cada una de sus tareas pudiera ser considerada un delito. La historia de Sampedro y el éxito de la película llevó a amplias discusiones sobre la eutanasia y el derecho a morir con dignidad. Decía el propio Sampedro: “El derecho de nacer parte de una verdad: el derecho del placer. El derecho de morir parte de otra verdad: el derecho de no sufrir … Un hijo concebido contra la voluntad de una mujer es un crimen. Una muerte contra la voluntad de la persona también. Pero un hijo deseado y concebido por amor es, obviamente, un bien. Una muerte deseada para liberarse de un dolor irremediable, también”.

Hoy la eutanasia es legal en España, así como en los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Nueva Zelanda, y el suicidio asistido es permitido en Alemania, Suiza, en el estado australiano de Victoria y en varios estados de los Estados Unidos de América. Hay muchos otros países donde se permite que pacientes terminales rechacen cuidados paliativos o donde se puede establecer en un “testamento vital” la voluntad de no recibir reanimación. Decía Ramón Sampedro: “Considero que vivir es un derecho, no una obligación”. A veces también la vida es una violencia indebida.