Columnas

Covid-19 y la movilidad

'Si algo tenemos claro sobre la pandemia de Covid-19 y sus consecuencias a futuro es que no tenemos nada claro’.

Si algo tenemos claro sobre la pandemia de Covid-19 y sus consecuencias a futuro es que no tenemos nada claro. De los tres escenarios posibles, solamente uno parece en realidad factible. El primero, inmunizar a la población mediante una vacuna parece aún distante. El segundo, mantener la cuarentena de manera indefinida, no es factible ni sostenible. El tercero, cambiar los hábitos de vida y comportamiento, reforzando el distanciamiento personal, se ve como el único posible, por ahora y por algún tiempo.

Este distanciamiento tendrá importantes repercusiones sobre las actividades que implicaban cercanía física, como en los restaurantes, bares, discotecas, cines, teatros, espectáculos deportivos y musicales, etc., lo que implicará el buscar mecanismos de adaptación o no sobrevivir. Pero, fundamentalmente, afectará a la movilidad de los habitantes, tanto dentro como fuera de las ciudades.

Es evidente que la reducción de la movilidad estará estrechamente relacionada con la potenciación del teletrabajo. Sin embargo, las ciudades y el mundo deberá pensar qué medidas tomar para la movilidad de las personas. En el transporte público, urbano, intercantonal e interprovincial, por ejemplo, deberá prohibirse que haya pasajeros de pie y solamente ocupar uno de cada dos asientos. Los taxis deberán implementar pantallas protectoras que separen a los pasajeros del conductor. Será necesario ampliar las estaciones de la metrovía a fin de evitar congestionamiento. Los aviones también deberán reducir significativamente el número de asientos ocupados.

Como medidas temporales para las ciudades (que pudieran ser definitivas) el establecer carriles exclusivos para bicicletas y cerrar ciertas calles o carriles a los vehículos para ampliar el área de circulación peatonal (sobre todo en aquellos lugares de concentración, como bancos, farmacias, mercados, supermercados, etc.), ya hay ciudades que lo están haciendo, como Milán, Bogotá, Ciudad de México, Berlín, Vancouver, entre otras. La movilidad de las personas deberá adaptarse a esta nueva “normalidad”.