Columnas

¿De quién es la ciudad?

"Habría que empezar, primero, definiendo cuál es el espacio público de una ciudad"

Parecería que la pregunta que titula este artículo pudiera tener una respuesta fácil y simple: la ciudad es de los ciudadanos. Pero la realidad es que no es tan sencillo contestarla.

Se está hablando, últimamente, alrededor de conceptos como el derecho a la ciudad o la ciudad para los peatones, además de que se empiezan a desarrollar algunas propuestas que apuntan en ese sentido, lo que no ha estado exento de expectativa, polémica y, a veces, de reclamos.

El problema radica en que vivimos en una cultura del vehículo y, hasta ahora, el automóvil ha sido privilegiado en la planificación y construcción de muchas ciudades. Algunas medidas que tienden a favorecer la movilidad peatonal, como ampliar el ancho de las aceras, convertir calles vehiculares en peatonales, reducir la velocidad vehicular dentro de los limites urbanos o eliminar los pasos peatonales, han sido defendidas y aplaudidas por muchos sectores y criticadas por otros. La pregunta se centra nuevamente en ¿quién tiene derecho de uso sobre la ciudad y sobre el espacio público?

Hay que empezar, primero, definiendo cuál es el espacio público de una ciudad. Queda claro que parte de este está conformado por las aceras, los soportales, los parques y las plazas, pero solemos olvidar y dejar de lado que la calle también es espacio público y que sobre ella también se debe tener derecho de uso y disfrute por parte de todos, no solo de los automóviles.

Si consideramos que cerca del 30% de una ciudad está conformada por calles vehiculares que son usadas por alrededor del 11 % de los habitantes que tienen vehículo propio es claro que hay un porcentaje mayoritario de ciudadanos que están restringidos al uso de aceras, que en muchos casos son reducidas. Las condiciones actuales de vida mundial, generadas por la crisis sanitaria de la pandemia, pusieron en evidencia la necesidad de dar más espacio al peatón y medios de movilidad alternativos.

Volviendo nuevamente a la pregunta inicial. ¿De quién debe ser la ciudad? La respuesta es clara: de los peatones, principalmente.