Columnas

La calle Panamá

Desde finales del siglo XIX hasta la década de los veinte del siglo anterior, junto a la calle Panamá se asentaban tendales y bodegas de cacao...

Entre los siglos XVI y XVIII existen referencias de la existencia de cinco esteros ubicados entre la Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva, comprendidos entre las actuales calles Loja y Junín. Para el siglo XIX, sin embargo, se podían evidenciar solamente cuatro, estos eran, de norte a sur: el estero de Villamar (actual calle Loja); el estero de Carranza, también llamado de Junco o de Olmos (calle Tomás Martínez); el estero de Campos, también llamado de Morán (calle Imbabura). De este estero se encuentra un pequeño tramo como vestigio de su existencia, con el nombre de Callejón Magallanes; y, finalmente, el estero de Morillo (calle Roca). El estero de Lázaro (calle Junín), también llamado de la Aguardientería, habría desaparecido para finales del siglo XVIII.

Entre estos esteros, en 1710, se construyó un puente de madera de 800 varas de extensión y dos varas de ancho, que se mantuvo en pie hasta aproximadamente 1774, cuando fue reemplazado por pequeños puentes levantados sobre cada uno de los esteros. Debido a esta construcción la calle era llamada la Calle del Puente.

En 1787 aparece con el nombre de Calle Real el tramo comprendido entre las actuales Nueve de Octubre y Víctor Manuel Rendón, mientras, a partir de ahí y hacia el norte, se registra con el nombre de Calle de los Puentes. Hasta 1820 se habría llamado Calle Real y luego Calle Principal del Puente y también Calle de la Libertad, nombre impuesto como homenaje a la independencia.

Mediante ordenanza del 23 de junio de 1926, la Municipalidad de Guayaquil le impuso el nombre de Panamá al tramo comprendido por Loja, al norte, y Víctor Manuel Rendón, al sur; a partir de ahí, y hasta la calle Mejía, toma el nombre de Pichincha y desde ahí, hasta el Malecón Simón Bolívar, calle Villamil.

Desde finales del siglo XIX hasta la década de los veinte del siglo anterior, junto a la calle Panamá se asentaban tendales y bodegas de cacao, que fueron comunes hasta más allá de la segunda mitad del siglo XX, lo que aún es uno de los elementos de su identidad y referente en la memoria histórica de los guayaquileños.