Florencio Compte | Represión y arquitectura
Se espera que exista un sistema que pueda garantizar la aplicación de justicia de manera justa y no comprometida
Ante una falta se debe aplicar un castigo, es un principio básico de la justicia. De acuerdo a esto, las leyes han sido hechas para adecuar el castigo que se aplique según la falta que se cometa, el no hacerlo sería dejarla en la impunidad. Para ello, evidentemente se espera que exista un sistema que pueda garantizar la aplicación de justicia de manera justa (aunque suene redundante) y no comprometida, algo que, lamentablemente, no se da en nuestro país.
Michel Foucault en su obra Vigilar y Castigar (1975) analizaba cómo históricamente las sociedades han pasado de aplicar castigos físicos públicos a controles más sutiles de carácter disciplinario cuya finalidad es la normalización y reintegración en la sociedad de los presidiarios (eufemísticamente llamados PPL, personas privadas de la libertad) en instituciones y edificaciones creadas específicamente para este fin: prisiones, cárceles, panópticos, entre otros, aunque hay ocasiones en que se han adaptado edificios creados para un fin totalmente distinto, como el Helicoide en Caracas. Originalmente diseñado en los cincuenta del siglo pasado como centro comercial, y elogiado como obra importante de la arquitectura moderna, el edificio quedó inconcluso y abandonado en 1958 junto con la caída del dictador Pérez Jiménez, más tarde, en los setenta, fue tugurizado, hasta que en 1984 lo ocupó la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención como sede. Unos años después, a partir de 2010, empezó a ser usado como (el temido) centro de detención y tortura del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Aun cuando poco a poco se ha empezado a liberar a los presos políticos que ahí se encontraban asilados, el Helicoide será recordado como símbolo de la represión de una de las épocas más nefastas de la historia de Venezuela.
Aquí, en nuestro país, una cárcel (curiosamente llamada “del encuentro”), única obra visible del gobierno actual (aunque aún inconclusa) será, a futuro, leída como símbolo y herencia de lo que significó el rumbo que se le está dando al Ecuador.