Florencio Compte Guerrero | Violencia y sociedad
Es casi ocioso tratar de definir a la violencia cuando, lamentablemente, se ha convertido en algo cotidiano
Entre el 14 y el 17 de enero se desarrollaron en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil las jornadas académicas La violentización de los espacios: efectos en la comunicación y en los vínculos sociales y laborales, organizadas por la Facultad de Psicología, Educación y Comunicación y los Vicerrectorados Académico y de Vinculación.
Estas jornadas contaron con la participación de ponentes nacionales e internacionales que abordaron el tema de la violencia y la posibilidad de reconstruir los lazos sociales.
Entre los ponentes estuvo la colombiana Lucía González, arquitecta de profesión y exintegrante de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición creada en el 2017 luego del acuerdo suscrito entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC -EP).
Es casi ocioso tratar de definir a la violencia cuando, lamentablemente, se ha convertido en algo cotidiano. Vivimos en ciudades en conflicto, en un país en conflicto y en un mundo violento. En ese encuentro, y durante esos cuatro días, se habló de la violencia, de sus causas y de qué manera se la debe afrontar. Se dijo, claramente, que no podemos quedarnos callados ante lo que sucede en nuestro entorno y en el país, que hay que alzar la voz y demandar respuestas y soluciones, que cada uno de nosotros tenemos un nivel de responsabilidad, que los diagnósticos deben ser particularizados y que es inútil combatir a la violencia solo con acciones punitivas.
La necesidad de reconstruir el tejido social, de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y de dar oportunidades para su desarrollo es más que urgente. Debemos mirar al otro, escucharlo, tratar de entenderlo y darle respuestas, tal como nos dijo Lucía González al referirse a su país: “…el miedo criado en tantos años de guerra nos ha impedido ver al otro, a los otros, y la gran mayoría no ha tenido la hermosa oportunidad de sentir, ver, escuchar a esas clases sociales que habitan la ciudad del precariado, y que tienen tanto para enseñarnos” (El muro blanco es solo el síntoma, 2021).