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Fernando Insua Romero | El uso de suelo

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La normativa quedó congelada frente a una economía que cambió

El edificio Multicomercio yace parcialmente derrumbado, mientras una pasividad que muchos consideran desconcertante rodea la decisión de terminar de demoler lo que queda en pie. Damnificados miran cómo el tiempo avanza más rápido que las soluciones y, cuando parecía que todo se calmaba, otra bodega se incendió a pocas calles, levantando la legítima sospecha del ministro Reinberg de que todo pudo haber sido intencional para caotizar la ciudad. Pero incluso si el incendio no fue provocado, había demasiadas facilidades para que algo así ocurriera. Esta catástrofe empezó mucho antes: en bodegas que operaban irregularmente en edificios concebidos para vivienda, en cambios de uso no regulados, en una planificación que dejó de dialogar con la realidad económica del centro de Guayaquil, al igual que otros puntos de nuestra urbe. El propio Benemérito Cuerpo de Bomberos lo ha explicado: clausuran bodegas, se retira la mercadería y apenas la autoridad se da la vuelta el espacio vuelve a llenarse. Esos locales no pueden formalizarse porque el uso de suelo no lo permite. Ahí está el problema: si existiera una visión real de ciudad a futuro, no electorera, entenderíamos que la normativa quedó congelada frente a una economía que cambió. Lo que no se puede formalizar tampoco se puede exigir técnicamente: no hay adecuaciones estructurales, ni sistemas contra incendios acordes al riesgo, ni inversión en seguridad. Otras ciudades enfrentaron dilemas similares y seadaptaron. En Nueva York, el SoHo dejó de ser un distrito industrial abandonado cuando se permitió el uso de suelo mixto regulado. En Bilbao se reconvirtieron zonas portuarias sin borrar su identidad. En Medellín, sectores deteriorados integraron vivienda, comercio y espacio público bajo reglas claras una vez que se adaptó la normativa.

El uso de suelo no solo sirve para prohibir; puede dar vida, evitar el abandono y contener una gentrificación extrema si permite una mezcla equilibrada. La normativa no debe estar al servicio de clausurar locales y emprendimientos ni de ‘hacer billete’; debe moldear conductas y construir ciudad, canalizando el esfuerzo privado y actualizando reglas para que la ciudad viva dentro de la ley y no al margen de ella.