Transporte urbano

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Transporte urbano

Así, el esfuerzo de muchos que se han mantenido sanos, cumpliendo estrictamente todas las medidas de bioseguridad, se esfuma al tomar un bus. ¡La suerte está echada!

Los buses urbanos o colectivos, como los llamábamos popularmente en el pasado, son una necesidad en todas las ciudades del mundo. En algunos países, especialmente los europeos y asiáticos, lo usan todas las personas, sin distinción de clases sociales. En Ecuador en cambio, para quienes no han corrido con la suerte de poder ahorrar lo suficiente para comprarse un carrito, el bus es su medio de transporte diario para ir a la oficina, llevar a sus hijos a la escuela o asistir a una cita médica.

Esta semana al guayaquileño le llegó la “buena nueva” de que los buses trabajarán al 50 % de capacidad como acción de rechazo por parte de los transportistas por no haberse concretado ninguna reunión para revisar el tema de alza de pasajes con las autoridades del caso.

En Latinoamérica, Ecuador es uno de los países con la tarifa más baja en el precio del transporte, y con los valores recaudados diariamente por el servicio que prestan no les alcanza ni para cubrir el mantenimiento de las unidades que de sol a sol circulan por las calles de la ciudad recogiendo y dejando a pasajeros. El alza progresiva en el precio de los combustibles, más el aumento del costo de la vida, que siempre ha ido para arriba, porque jamás nada se ha puesto más barato, ha hecho tocar fondo a más de uno.

Que las llantas hoy en día cuestan más, que “tanquear” la buseta cuesta mucho más, y ni qué se diga de los chequeos periódicos que los buses requieren para evitar desperfectos que puedan ocasionar terribles accidentes de tránsito.

El dicho popular “pagan justos por pecadores” vuelve a aplicarse en esta situación, ya que con esta modalidad de queja de los buseteros, de trabajar a medio gas, el perjudicado es el pueblo, que debe someterse a unidades repletas de personas, donde la mala suerte les pueda jugar una pasada y contagiarse hasta de COVID, porque está más que claro que el distanciamiento social desaparece dentro de los colectivos ante la necesidad de llegar a su destino final. Así, el esfuerzo de muchos que se han mantenido sanos, cumpliendo estrictamente todas las medidas de bioseguridad, se esfuma al tomar un bus. ¡La suerte está echada!