Columnas

Trágica migración

'Este proceso migratorio tiene también y sobre todo su lado trágico y amargo'.

Las grandes corrientes migratorias que han cruzado el mundo han dado origen al nacimiento o crecimiento de muchos países y han servido, además, para que en la mezcla de colores, costumbres y orígenes surja el mestizaje, que es el que se ha impuesto en nuestro continente. No olvidemos que la grandeza de la primera potencia mundial, los EE. UU., se debe precisamente al haber recibido en su extenso territorio -que tiene costas en el Pacífico y el Atlántico- a tantos migrantes. 

Es, pues, el producto de la gran carga humana recibida desde poco después del descubrimiento que le tocó cumplir a Colón, sobre todo de Europa, aunque también de varios países de Asia, más la gran cantidad de esclavos negros importados desde África y adquiridos por los dueños de las extensas plantaciones que fueron a la vez, en su origen, pobres migrantes que fugaron de la miseria o atraso de sus lugares de origen. 

Pocos años después (o al mismo tiempo a partir del siglo XIX) esa migración incontrolable se produjo también desde el Viejo Continente a países latinoamericanos, sobre todo a Argentina, desde donde nos ilustra el chiste del “gaucho” que al llegar de Italia le dice a un amigo que “fue impresionante encontrarme en el país de la bota con tanta gente que usa apellidos argentinos”.

Pero el caso es que este proceso migratorio tiene también y sobre todo su lado trágico y amargo. Y lo estamos comprobando con las largas caravanas de familias enteras que “fugan” de sus países de origen empujados por la miseria y la violencia que se registra en las naciones de Centroamérica, tal vez con la excepción de Costa Rica. Esta errancia se produce, por supuesto, siempre hacia el norte, tratando de llegar al poderoso país que en lenguaje criollo denominamos como “la Yoni”. 

...pobres migrantes que fugaron de la miseria o atraso de sus lugares de origen. Pocos años después esa migración incontrolable se produjo también desde el Viejo Continente a países latinoamericanos.

En estos momentos una caravana de miles de hondureños trata de llegar a ese “paraíso norteamericano” en un penoso y largo trajinar que obliga a recorrer “a pata” cientos y hasta miles de kilómetros, llevando consigo incluso niños muy pequeños, que desde su temprana edad han de soportar esa amarga odisea, con el antecedente de caravanas migratorias anteriores en que cientos de infantes fueron separados de sus padres por las severas autoridades gringas.