¿Seremos contagiados?

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¿Seremos contagiados?

En otros países cercanos a la China y hasta en los más lejanos de Europa ya se han dado casos, con contagiados y muertos, de víctimas de la mortal epidemia.

Esa es la pregunta que se hacen todos en el mundo. Lo cierto es que el coronavirus identificado como Covid-19 es una enfermedad que no se puede decir que haya diezmado a la tan alta población del país que cuenta con el más elevado número de habitantes en el planeta, pero que lleva ya más de tres mil víctimas mortales, mientras cumplían la proeza de construir hospitales para diez mil pacientes en solo una decena de días. Y es que en el país de Mao y del ya olvidado Chiang Kai-shek todo parece hiperbólico, ya por sus dimensiones territoriales como por la gran cantidad de gente que habita en la tan legendaria nación.

Por supuesto que en estas épocas de masificación en que la tecnología de punta parece haber derrotado al tiempo y al espacio, podría decirse cosa parecida de los peligros de enfermedades que se multiplican a través del contagio, hasta el punto de que el médico que dio aviso del peligro antes de que se conociera públicamente la aparición de tan devastador virus, Li Wenliang, luego de ser acusado y amenazado con largas penas por las autoridades de su país, hace algunos días falleció víctima de la misma enfermedad que denunció. ¿Serán sancionadas las autoridades que no solamente hicieron oídos sordos a sus advertencias sino que además lo amenazaron y lo dejaron sin la posibilidad de seguir anunciando a todos del peligro que amenazaba a los humanos?

En otros países cercanos a la China y hasta en los más lejanos de Europa ya se han dado casos, con contagiados y muertos, de víctimas de la mortal epidemia. 

En nuestro país las víctimas del mortal coronavirus han sido, precisamente, como no podía ser de otra manera, los residentes chinos que, sobre todo, tienen negocios de comidas. Es decir que son dueños de los “chifas”, en donde se ha visto reducida la clientela casi en un cincuenta por ciento por el temor de que al comerse un delicioso chaulafán o uno de esos rollitos primavera estuvieran en peligro de recibir el contagio que llega del país donde se adoraba tanto a Buda. 

Tenemos, asimismo, el amargo privilegio de ser el país de Latinoamérica con más infectados, siete hasta ahora, aunque la ministra de salud afirma que la situación está bajo control absoluto.