Columnas

Quedémonos en casa

'Y… después de esta tragedia universal tan llena de difuntos, enfermos, mascarillas, guantes, vacunas, etc., ¿volverá a ser el mundo como antes?’.

De la milenaria China, desde donde recibimos la brújula y la imprenta, que marcaron el inicio de la Época Moderna y el fin de la Edad Media, nos llega ahora el coronavirus, que prácticamente ha detenido la vida activa del mundo causando no solo miles de víctimas mortales que van en aumento sino también una grave crisis económica que seguirá sumando las pérdidas diarias de miles de millones de dólares a un paso que nos obligará a usas las cifras “billonarias”.

Lo que comenzó como una peligrosa epidemia que la OMS tuvo que calificar poco tiempo después como pandemia, por avanzar sus efectos mucho más allá de las fronteras chinas, ha provocado una suerte de paralización integral que ha convertido las ciudades caracterizadas por su gran ritmo y movimiento, desde el mes de marzo, en lugares desolados, casi fantasmagóricos, que dan la impresión de urbes asoladas por un bombardeo. ¿Hasta cuándo durará esta tan alarmante situación que coloca a la humanidad en tan angustiosa situación? ¿Se logrará encontrar la vacuna preventiva que afanosamente buscan los médicos para detener la destructiva pandemia?

Según una entrevista hecha por Rafael Correa a un médico cubano, ya se habría descubierto y elaborado esta vacuna en la isla caribeña, habiendo mandado miles de dosis a la China.

Corre el rumor por las redes sociales, hasta por la “radio bemba”, que va de boca en boca, que el virus que nos perturba y nos destruye no llegó por un error de la llamada sabia naturaleza, sino que habría sido elaborado siniestramente en un laboratorio con toda la mala intención del caso para resolver a favor de una de las dos grandes potencias del mundo la rivalidad que vienen manteniendo desde hace tiempo.

Mientras tanto, para evitar el contagio del Covid-19 estamos obligados, gracias a la larga cuarentena, a volvernos hogareños y no precisamente por causas afectivas.

Y… después de esta tragedia universal tan llena de difuntos, enfermos, mascarillas, guantes, vacunas, etc., ¿volverá a ser el mundo como antes? Solo nos queda asumir, con preocupación indudablemente, esta situación, pero con paciencia y optimismo, dándole tiempo al tiempo.