Columnas

Sin cartas ni locomotora

"Perdónenme si por culpa de la memoria y el patriotismo exagero un poco"

En la poda de organismos públicos que está llevando a cabo el Gobierno Nacional debido, sobre todo, a la “gran joda” a la que nos ha conducido la pandemia del coronavirus, se encuentran dos instituciones que considerábamos eternas, con el perdón del término hiperbólico que acabamos de usar. Se trata de los Ferrocarriles del Estado y de Correos del Ecuador.

Desde las épocas coloniales hasta finales del siglo XIX nuestro país estuvo severamente dividido por su hermosa pero caprichosa geografía, con montañas y ríos que había que atravesar para ir de una a otra región (en especial entre Sierra y Costa) y la gran obra del Viejo Luchador, Eloy Alfaro, colocando grandes rieles e importando vagones y locomotoras, hizo posible la unidad de la nación, superando esos largos y peligrosos viajes entre Quito y Guayaquil, entre Chimbacalle y Durán. Después se fueron creando otras rutas ferroviarias en varias provincias, que poco a poco han ido desapareciendo.

Recuerdo, cuando niño y adolescente, los viajes que hice. Era costumbre ir de Guayaquil a Quito, a Riobamba, a Ambato, a Alausí, etc., a pasar los tres meses de vacaciones. Cruzábamos para llegar a Durán temprano e iniciar un mágico viaje que nos permitía recorrer y visualizar hermosísimos paisajes, de lo tropical a lo subtropical y andino, parajes difíciles de encontrar en otras naciones del mundo. Perdónenme si por culpa de la memoria y el patriotismo exagero un poco. Y qué decir de los diferentes potajes que íbamos probando en el camino, típicos y sabrosísimos como, para nombrar solo algunos, las allullas y el queso de hoja de Latacunga.

Y hablando de los correos, con la dramática eliminación de 400 plazas de trabajo de golpe, hace que esta institución dure un poco más por la entrega de los paquetes que tiene pendientes, pero se eliminarán para siempre las cartas, que incluso se habían convertido en un género literario que a lo largo de la historia nos permitió conocer el valor intelectual y la intensidad pasional de valiosos personajes de la historia, entre ellos grandes escritores cuyas epístolas han sido reconocidas en libros.

¿Qué otra institución que considerábamos imprescindible podría desaparecer no solo por la crisis fiscal sino por los avances de la ciencia y tecnología?