Tzach Sarid | Islamismo radical y antisemitismo. ¿Qué debemos hacer?
Otro paso importante es adoptar la definición de antisemitismo de la Organización Internacional IHRA
El 15 de diciembre de 2025, dos terroristas musulmanes abrieron fuego en la ciudad de Sídney, Australia, contra judíos australianos que celebraban la festividad judía de Janucá. Asesinaron a 15 personas, incluidos ancianos y una niña de 10 años. ¿Por qué los asesinaron? ¿Qué buscaban lograr? ¿Cómo pasó el islam de ser una religión portadora de progreso y desarrollo, una cultura que hizo contribuciones inmensas al mundo en diversos campos, a ser una religión y cultura identificadas hoy con actos de terrorismo y violencia?
Es muy difícil responder a esta pregunta, pero sí sabemos que el islamismo -es decir, el uso distorsionado del islam como una herramienta política violenta- es un problema grave y creciente en todo el mundo.
El islam y los musulmanes no son enemigos de Israel ni de los judíos; es una religión respetable. Israel tiene acuerdos de paz con seis países árabes y buenas relaciones con decenas de países musulmanes. El problema es el islam fundamentalista y las personas que cometen tales actos en su nombre. Estas personas encuentran apoyo en estados que han convertido al islamismo en su ideología de gobierno, encabezados por Irán, organizaciones globales como los Hermanos Musulmanes, y organizaciones regionales como Hamás y Hezbolá. Todo judío en el mundo es un objetivo para su agresión.
El mundo democrático, defensor de la paz y de la vida, debe reconocer que no puede haber compromiso ni entendimiento con los representantes del terror, y de regímenes no democráticos y fundamentalistas. Es necesario enfrentar al terrorismo y a quienes lo encarnan, porque la alternativa es permitir que impongan sus ideologías donde puedan y continúen con los actos de matanza, y no solo física, sino también de todos los valores que nos han construido.
Los primeros y principales requisitos son el reconocimiento del problema, la voluntad de resolverlo y la cooperación internacional.
En la práctica, ¿qué deben hacer los países? ¿Qué debe hacer, por ejemplo, Ecuador, ¿y están estos ataques terroristas vinculados con él? Creo que sí.
Aunque Ecuador está lejos de Australia y la tasa de actos antisemitas aquí es baja, no se puede confiar en que el riesgo no exista: es necesario extraer conclusiones antes de que ocurra algo y no después.
Ecuador actuó correctamente al declarar recientemente a Hamás, Hezbolá, la Guardia Revolucionaria de Irán y los Hermanos Musulmanes como organizaciones terroristas. Ese es buen comienzo.
El ataque en Australia nos enseña dos lecciones importantes: la primera es la necesidad de dar mayor atención a la seguridad de los judíos y las instituciones de la comunidad judía. En el ataque de Australia, la policía ni siquiera se molestó en estar presente en el lugar. La segunda es educativa: Ecuador puede enseñar en las escuelas qué es el antisemitismo, la historia del Holocausto y su singularidad.
Otro paso importante es adoptar la definición de antisemitismo de la Organización Internacional IHRA, ya aceptada por numerosos países. Esa definición establece qué se considera un acto o declaración antisemita y qué no, y ofrece ejemplos concretos. Esto con el fin de evitar que crímenes crueles y sin sentido, como el ocurrido en Australia, se repitan en otros lugares.