¿Mala ejecución o poca inversión?
...insistiendo en mantener pequeño el tamaño de la Inversión Pública y renunciando a empujar la economía desde el sector público, dejando la tarea para el sector privado que esperaríamos conozca su gran responsabilidad’.
Intuiría que su respuesta a la pregunta planteada sería que el Gobierno no ha sido capaz de ejecutar adecuadamente el Gasto de Capital e Inversión que presupuestó y seguramente tendrá razón.
El Gasto de Capital e Inversión agrupa principalmente la Obra Pública y los recursos que reciben los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) para atender sus necesidades locales.
Hasta octubre de este año, dicho gasto frente al presupuesto codificado, representó el 56,3 %, es decir en 10 meses se gastó un poco más de la mitad de lo presupuestado anual. Lo ejecutado hasta octubre de 2022 fue menor al 66,6 % de un año atrás, pero es mayor al 54,1 % del 2019 y mayor también al 55,7 % del 2016. Los mejores 10 meses de ejecución fueron los del 2014 (67,3 %) y 2021 (66,6 %). Para los últimos 9 “octubres” el promedio de ejecución frente al codificado fue 59,5 % y al transcurrir noviembre y diciembre sube al 83,8 % considerando los años 2014 a 2021.
Ha sido una mala práctica en el Ministerio de Finanzas la de esperar la parte final del año para intentar acelerar el ritmo de ejecución, que en realidad es la recepción de facturas para que queden registradas al finalizar el año como atrasos que se pagarán el año siguiente. Se debería intentar ejecutar de manera uniforme cada trimestre con un adecuado plan de obra y pago respectivo.
La mala ejecución afecta el comportamiento de la economía al no trasladar oportunamente los recursos y la liquidez necesaria para moverla, pero en realidad afecta mucho más el no poder sostener el ritmo del gasto.
Comparando los Gastos de Capital e Inversión al mes de octubre de cada año, pero esta vez con el tamaño del PIB, resulta que en 2022 dicho gasto apenas representa el 5,7 %, siendo el menor de los últimos 9 años y representando menos de la mitad de lo que se gastaba en promedio durante 2014 y 2017 (11,8 % del PIB). Este ritmo de gasto no fue sostenible porque obligó a incrementar fuertemente la deuda pública. Los siguientes 4 años, pandemia incluida, el gasto promedio frente al PIB fue 7,1 % y para la proforma 2023 se está presupuestando casi idéntico valor en dólares para Gasto de Capital e Inversión, que frente al PIB esperado será apenas 5,1 %, insistiendo en mantener pequeño el tamaño de la Inversión Pública y renunciando a empujar la economía desde el sector público, dejando la tarea para el sector privado, que esperaríamos conozca su gran responsabilidad.
Para el 2023 el efecto “rebote” habrá terminado. Con ese ritmo de Gasto de Capital e Inversión, en el corto plazo la economía no volverá a ver crecimiento del 4 % logrado en 2021 o 2,7 % del 2022. La estimación oficial de 3,1 % luce optimista al requerir gran empuje y adecuada coordinación de varios sectores. En lo público la producción petrolera principalmente, para además de exportar más, generar mayores recursos y trasladarlos hacia temas sociales e inversión sin deteriorar el tamaño del Déficit Fiscal. En el lado privado la tarea primordial es la generación de fuentes de trabajo a partir de sus nuevos proyectos, para los cuales será necesario financiamiento local o internacional con la difícil tarea de que dichos financistas logren separar el riesgo político del económico al momento de evaluarlos.