Certezas
Y mientras más populista, más deseos de pagar al vencimiento para evitar el cierre de flujo de recursos necesarios
Muchas cosas quedan más claras hoy que hace tres semanas, tanto en lo político como en lo económico. Seguramente sin la mente puesta en una potencial reelección presidencial, el Gobierno estará tratando de recomponer todo. Tiene más de dos años por delante. Aún puede dedicarse a cumplir parte de lo que ofreció y corregir errores liberándose de vendas y abandonando burbujas. En lo político le corresponde jugársela sabiendo que su horizonte es finito.
Debería quedar claro que hay mucho por hacer, que aunque ciertos números marquen récords históricos, siempre habrá tarea pendiente en la generación de empleo, crecimiento y solución de pobreza y desigualdad. La meta de llegar a superávit fiscal al finalizar este período presidencial no es compatible con la actual realidad política.
En lo económico debería de una vez corregir el presupuesto del Estado, incrementar la obra pública, llevarla al menos a $ 2.500 millones desde los actuales $ 1.870 millones presupuestados. Es básico seguir de cerca y arreglar la problemática de abastecimiento y atención en los hospitales públicos y de la seguridad social, sin desatender temas de educación y apoyo a más vulnerables.
Gastar más se dice fácil, incrementa el déficit fiscal, lo mismo que la necesidad de conseguir nuevo endeudamiento. Cada vez es más complicado identificar fuentes de financiamiento diferentes a multilaterales o chinas, a pesar de que podríamos tener recursos muy cerca y no logramos determinarlos. El nivel de riesgo país agrega dificultad. Eso lo vemos todos y lo sienten más los privados. Verlo acercarse otra vez a 1.900 puntos no luce improbable para muchos.
¿Qué hace que los bonos de deuda externa ecuatoriana se negocien sobre el 20 % de rendimiento? La principal respuesta es la percepción presente en los mercados internacionales de que dichos bonos sean pagados en 2026, cuando empiece el primero de 5 pagos anuales de $ 750 millones del denominado bono 2030.
Si hay algo en lo que tengo certeza es que, en ausencia de algún evento de desastre o pandemia, el capital de los bonos será pagado, independiente de quién gobierne dicho año. Y mientras más populista, más deseos de pagar al vencimiento para evitar el cierre de flujo de recursos necesarios para financiar un presupuesto que le demandará dólares para mantener su popularidad y seguramente uno que otro programa social en marcha.
Hoy no hay abundantes fuentes de recursos para cubrir un presupuesto que crece inercialmente. La Constitución manda destinar anualmente al menos 1 % (más de 1.,200 millones de dólares) del PIB a sectores de Salud y Educación.
Con el actual gobierno, la receta para obtener financiamiento del presupuesto fue más impuesto a la renta y mayor impuesto patrimonial. ¿Alguna diferencia para los años posteriores? Muy poca. Al final, tendría poca expectativa de rebaja de impuestos y menos en la idea de recortar el gasto corriente. Estas rigideces las van conociendo los que llegan a la cartera de Finanzas cada vez que arrancan su experiencia en el sector público.
Los restantes 101 días para llegar al segundo año de gobierno serán complejos y requerirán acciones coordinadas entre quienes aporten frescura a esta nueva etapa de gestión presidencial.