Fausto Ortiz | La montaña rusa del petróleo
El gas, aquel combustible que en el pasado tumbaba presidentes, registró en 2025 pérdidas por 534 millones de dólares
Entre 2007 y 2025 el crudo ecuatoriano se comercializó en promedio $ 6,3 por debajo del WTI, fenómeno conocido como ‘castigo’ al precio del crudo nacional.
En enero de 2007, el crudo ecuatoriano se ubicaba en $ 40,2 por barril; para junio de 2008 superó los USD 117. Ese mismo mes, el WTI promedió $ 134, reflejando un fuerte castigo por lo elevado del precio.
El West Texas Intermediate (WTI), como consecuencia de la crisis bancaria estadounidense, se desplomó más rápido de lo que había ascendido en 2007. En febrero de 2009 tocó piso en $ 39,1 y le tomó tres años superar la barrera de los $ 100, manteniéndose por encima de ese nivel desde el primer trimestre de 2011 hasta mediados de 2014. Fue un período prolongado de elevados precios del crudo: en promedio, esos ocho años el WTI superó los $ 86.
Los siguientes siete años, de 2015 a 2021, califican como ‘vacas flacas’. El precio del crudo promedió $ 53,2, con su peor momento durante la pandemia: en abril de 2020 cayó a $ 16,5 por barril.
De enero de 2022 a diciembre de 2025, el WTI se ubicó en $ 78. En medio de esta montaña rusa, el presidente Noboa dispuso el 12 de septiembre de 2025 un incremento de $ 1,00 en el precio del diésel. Ese mes, el WTI promedió $ 63,6 y a diciembre cayó a $ 59,7, lo que permitió ajustar a la baja el precio inicial de $ 2,80 por galón.
Las proyecciones apuntan a una tendencia descendente. El FMI estima una caída adicional de 8,5 % en 2026. Sin embargo, escenarios comerciales o políticos pueden alterar las previsiones y cambiar la ruta del crudo. En todo caso, conviene que una eventual nueva subida tarde en llegar, para consolidar la idea de administrar combustibles con precios internacionales y compensaciones focalizadas.
Los altibajos no se limitan al precio: la producción y la exportación también tienen lo suyo. En 2025, la producción petrolera fue de 440 mil barriles diarios (mbd), la más baja en muchos años. En 2018 y 2019 se alcanzaron 517 mbd y 531 mbd, respectivamente. Entre 2020 y 2024 se luchó por mantenerse sobre los 480 mbd. Cabe esperar alguna estrategia que permita regresar a ese nivel en el corto plazo y, al mismo tiempo, cumplir con el cierre del bloque 43 del ITT.
El récord histórico de exportación anual fue de 130 millones de barriles. Con un precio de $ 100, esa exportación aportaba $ 13.000 millones al comercio exterior. En 2025 se exportaron 119 millones de barriles y, con un precio de $58, el ingreso se redujo a cerca de $ 7.000 millones, debilitando la preponderancia del petróleo en la generación de divisas.
El consumo interno de diésel, tras el ajuste de septiembre, logró frenar su tendencia ascendente: en lugar de alcanzar los 1.700 millones de galones previstos, se ubicó en 1.615 millones. Para 2026, el diésel acompañará a la nafta en generar utilidad al comercializar combustibles importados y aportará dólares al presupuesto estatal mientras se recupera la producción petrolera.
El gas, aquel combustible que en el pasado tumbaba presidentes, registró en 2025 pérdidas por $ 534 millones, cifra similar a la de 2007. Estos números deberían alejar al gas de la formulación urgente de política.