Premium

Ernesto Albán Ricaurte | El día después de Maduro

Avatar del Ernesto Albán Ricaurte

La pregunta clave no es quién manda hoy, sino: ¿alguien podrá gobernar Venezuela mañana?

Venezuela amaneció este 3 de enero de 2026 en una rareza histórica: Nicolás Maduro ya no estaba en Miraflores. Fue capturado en una operación de EE. UU. y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos. En Caracas, su vicepresidenta Delcy Rodríguez juró como presidenta interina. Pero el miedo no se fue, ya que el aparato permanece. Y la transición, si es real, recién empieza.

La caída de Maduro no desmonta el régimen. El chavismo gobernó como una verdadera red: los mandos de seguridad, los operadores judiciales, las élites económicas y un Estado usado para controlar. ¿Puede un interinazgo, surgido del mismo engranaje, imponer reglas nuevas sin que el viejo sistema las sabotee? Ese es el reto.

Ya aparece un gesto de ‘buena fe’: Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea, anunció la liberación de un “número significativo” de detenidos. Es importante, pero no basta: sin una lista pública, criterios y verificación independiente, puede ser simple propaganda.

Si la transición quiere existir más allá del titular, debe arrancar por un pacto mínimo con la oposición: calendario electoral verificable, observación internacional, reglas de convivencia y libertad de prensa. Y la excarcelación debe pasar de un gesto a política comprobable: nombres, revisión caso por caso, acceso de veedores independientes y garantías judiciales.

El nudo más delicado es la seguridad: frenar la persecución, proteger a jueces, periodistas y líderes sociales, y reordenar mandos militares y policiales con procedimientos, no con purgas. Después, justicia sí, pero con debido proceso: la democracia no nace del linchamiento, sino de la ley. También pesa la forma, una captura realizada por una potencia extranjera abre un debate inevitable de soberanía y debido proceso. Si ese flanco no se maneja con transparencia y garantías, el viejo engranaje podría aprovecharlo en su discurso. Y, finalmente, la economía y el petróleo. La renta petrolera puede ser puente hacia la estabilización o botín que fracture la transición. Lo mínimo indispensable en el manejo de los recursos requiere: auditoría, trazabilidad, rendición pública y plan social de emergencia.

La pregunta clave no es quién manda hoy, sino: ¿alguien podrá gobernar Venezuela mañana?