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Ernesto Albán Ricaurte | Ecuador en la geopolítica mundial

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El verdadero problema no es Maduro, debilitado y deslegitimado, sino sus aliados

En 2020, Donald Trump ordenó una operación naval en el Caribe para combatir al narcotráfico. Tropas se desplegaron frente a Venezuela, sin desembarcar. Fue, sobre todo, un gesto político para presionar a Maduro y reafirmar la influencia de Washington.

Cinco años después, el libreto se repite: Trump, de nuevo en la Casa Blanca, envía tropas frente a las costas venezolanas, y Maduro denuncia un plan de cambio de régimen. El guion se repite, pero el contexto ha cambiado: Ecuador ha dejado de ser espectador.

Durante el gobierno de Guillermo Lasso se firmaron memorandos de cooperación militar con EE. UU. En octubre de 2023 se suscribió el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA), ratificado en febrero de 2024 por Daniel Noboa, que otorgó inmunidad y privilegios al personal militar estadounidense. En diciembre de 2024, el Consejo de Gobierno de Galápagos aprobó el Proyecto de Seguridad Integral que permite a EE. UU. usar instalaciones en puertos y aeropuertos del archipiélago.

El giro más relevante vino en enero de 2025, cuando Ecuador declaró, primero al Tren de Aragua y luego al Cartel de los Soles, como grupos terroristas. Más tarde, en febrero de 2025, EE. UU. también los designó como organizaciones narcoterroristas, alineando sus estrategias. Con esas decisiones, la cooperación militar dejó de ser geopolítica para convertirse en un recurso tangible contra terrorismo y narcotráfico.

Aunque Ecuador no envíe tropas al Caribe, su papel en Galápagos es un aporte indirecto. Al ofrecer abastecimiento y comunicaciones, permite que el ejército estadounidense opere con mayor autonomía. Para un país en guerra interna, la alianza con Washington ofrece recursos y respaldo que solo no tendría.

El verdadero problema no es Maduro, debilitado y deslegitimado, sino sus aliados. Rusia y China han invertido en su régimen y lo usan como ficha en su pulso con Occidente. El dilema para Ecuador no es elegir entre Caracas o Washington, sino decidir si acepta quedar atrapado en un tablero donde las potencias usan la crisis venezolana para proyectar poder. Una operación militar en el Caribe no solo eleva la tensión global, también agudiza la polarización regional.