Columnas

Peligrosos mandos medios

"Tal norma no impide iniciar hoy procesos coactivos. Se refiere, exclusivamente, a la suspensión de los que ya estaban iniciados el 16 de marzo de 2020, cuando empezó el estado de excepción por la pandemia..."

La alerta la dio el viernes pasado, 16 de octubre, en la sesión de una comisión de la Asamblea Nacional, el gerente del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (Biess), Diego Burneo: los procesos coactivos que recién había iniciado (incluyendo embargo de cuentas) contra el dueño de las insolventes Delcorp y Ecuagran, Gad Goldstein, los había tenido que suspender “por orden de la Superintendencia de Bancos”. Sí, leyeron bien, por orden del organismo de control bancario.

Averiguados los hechos, todo indica que inconsultamente un funcionario de segundo orden, el director de liquidaciones Luis Passailaigue Molina, estirando como chicle los textos legales fue quien se atrevió a dar semejante orden, inventándose una inexistente prohibición para iniciar coactivas, que según él estaría en la reciente ley humanitaria (disposición transitoria 23ª).

Tal norma no impide iniciar hoy procesos coactivos. Se refiere, exclusivamente, a la suspensión de los que ya estaban iniciados el 16 de marzo de 2020, cuando empezó el estado de excepción por la pandemia: “durante todo el tiempo que dure la emergencia sanitaria y por ciento ochenta días adicionales, quedan suspendidos todos los procesos de coactiva que a la fecha de la declaración del estado de excepción se hayan instaurado o se encontraren ejecutando o en trámite”.

Por tanto, para que la disposición transitoria 23ª tuviese como efecto impedir que hoy se inicie coactivas habría que reescribirla, insertando algo como “no podrá tampoco iniciarse procesos de coactiva durante el lapso antes indicado”. Eso no existe, y una reescritura como aquella no la puede hacer una autoridad administrativa, al punto que la Contraloría General del Estado inició recientemente, contra empresas del propio Goldstein, procesos coactivos para cobrar créditos que tiene el Isspol por las facturas truchas que compró en agosto de 2019.

Alguna buena zarandeada tiene que haber recibido de sus superiores el agencioso señor Passailaigue. Con oficio del domingo 18 de octubre dejó sin efecto su anterior “instrucción”. Enhorabuena.