Columnas

Las represas

"Las irregularidades son tantas, tan frecuentes y tan dinámicas que terminan presionando a las autoridades de control como una huelga a la japonesa. La depuración no da abasto"

Ecuador, el país de las represas. No las hidroeléctricas ni las que se ven afectadas por la erosión del río Coca. Sino las de los expedientes. La corrupción campea con y sin voces de alarma.

En algunos casos, nadie vio, nadie detectó. Deleznable. Pero peores son aquellas otras tramas donde hubo auditorías, informes, alertas levantadas -nunca exhaustivas, es verdad- que no despertaron la debida actuación de la autoridad de control para frenarlas o para castigarlas.

Todos los dedos apuntan a la Fiscalía. Hay instituciones que verifican los movimientos de dinero inusuales, otras que revisan el uso de los recursos públicos y otras el cumplimiento o incumplimiento del debido pago de impuestos. La capacidad de impacto de sus denuncias depende directamente de la actuación fiscal, adonde llegan las causas y se encuentran con el represamiento de un ente que, por reserva, por desconfianza o por cualquiera que sea la razón, no da abasto para despachar y procesar todas las investigaciones y casos de corrupción del país. Las irregularidades terminan presionando al Estado como una huelga a la japonesa: hay tantas, se dan al mismo tiempo y se renuevan tan a menudo que resultan inabarcables.