Exigimos las cabezas

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Exigimos las cabezas

Definitivamente, la palabra autoridad se ha prostituido; muy escasas excepciones le hacen honor a ella.

La palabra autoridad proviene del latín ‘auctoritas’, cuyo significado denota un alto grado de experiencia, conocimiento y destreza para llevar a cabo una actividad; implicaba tener moral y reconocimiento.

Ahora cualquiera es llamado autoridad. Ya no es importante la preparación profesional ni la trayectoria adecuada para ejercer el cargo, simplemente se busca a los individuos más “populares”, esos engancha-votos que les vienen bien a los partidos políticos para sus papeletas electorales.

Pichincha fue la primera en tener a su prefecta con grillete y ahora nos tocó pasar la afrenta a los guayasenses: al prefecto le calzaron uno por estar acusado de participar junto a su esposa e hijos en actos de corrupción dentro de la Prefectura. El partido político insigne de esta provincia, PSC - Madera de Guerrero, debe fumigar de inmediato sus vetas, antes de que los efectos de este hecho vergonzoso y deplorable lleguen a afectarlos en el proceso electoral que tenemos a puertas. Obviamente, ya todos le soltaron la mano al prefecto en funciones, pidiendo su inmediata destitución para alejarse de él lo más pronto posible, antes de que los alcance el estallido de semejante bomba. Esperemos que algo de honestidad les quede a los integrantes del Consejo Provincial y destituyan al engrilletado, pues coincido en que “es deshonroso para la provincia tener un prefecto con grillete”.

Lo que tampoco alcanzo a entender es cómo las “autoridades” de justicia soltaron en menos de 24 horas a algunas de las cabezas de la corrupción durante la pandemia, que aprovechándose de la desesperación y angustia se llenaron los bolsillos mediante sobreprecios en la venta de insumos médicos. ¡Una vergüenza! Todos esos ya andan tan libres como el alias Rasquiña.

Definitivamente, la palabra autoridad se ha prostituido; muy escasas excepciones le hacen honor a ella. Los ecuatorianos decentes exigimos las cabezas de la corrupción, pero no libres en sus mansiones o paseándose en Miami, sino donde merecen estar: pudriéndose en la cárcel por robarnos sin misericordia.