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Diana Acosta-Feldman | Sabino

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Conocí a Sabi (como le decía), en el año 2003 en Montevideo, en el XVII Congreso Mundial de Derecho del Trabajo

Ecuador está de luto, pues ha perdido a uno de sus hijos más insignes, el Dr. Sabino Hernández. Su fallecimiento ha llenado de consternación a la comunidad académica laboral nacional e internacional, dejándonos un profundo vacío, pues Sabino, mi profesor, maestro, pero sobre todo, mi gran y querido amigo, no solo fue el más destacado y honorable dirigente deportivo que ha tenido el Ecuador, ocupando por muchos años la presidencia del Comité Olímpico Ecuatoriano, sino que además fue un connotado y brillante jurista.

Fue catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Guayaquil y desde la academia promovía esa lucha incansable a favor de los derechos de la clase más débil de la relación laboral, los trabajadores.

Fue miembro y dirigente de la Sociedad Iberoamericana de Derecho del Trabajo, fundador y director del Instituto de Derecho Laboral; director del primer diplomado de Derecho del Trabajo de la facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, del cual fuimos parte, honrosamente, sus pupilos.

Conocí a Sabi (como le decía), en el año 2003 en Montevideo, en el XVII Congreso Mundial de Derecho del Trabajo y desde entonces fue mi mentor y amigo. En el año 2004 escribimos juntos la obra El juicio oral laboral, y compartir a su lado horas y horas de estudio era una fuente inagotable de conocimiento, por su sabiduría y su generosidad intelectual. Siempre preciso, sabio, profundo, humano y desbordante de fervores por la causa laboral.

Hace más de 20 años me decía: “Diana querida, recuerda siempre que existen tres fuentes del conocimiento: o tú lo sabes porque eres una jurista; o sabes dónde está y vas a tu biblioteca y lo buscas en los Códigos y libros; o sabes quién lo sabe, entonces llámame”.

El mundo intelectual, profesional y del derecho sufrió una irreparable pérdida, especialmente para una de sus ramas más humanas, la del derecho del trabajo. Hasta siempre mi querido amigo y maestro, tu legado vivirá eternamente. Fue siempre un honor haber sido tu discípula en tu incansable lucha porque en Ecuador se alcance una verdadera justicia social.