Diana Acosta-Feldman | Corrupción pura y dura
Ojalá y cunda el ejemplo de la única mujer de la Judicatura y que los servidores antepongan la ética al corporativismo
Tenemos una oportunidad histórica; todo está alineado para iniciar la reestructuración medular del Poder Judicial. No es una situación provocada por intereses políticos, a pesar de que alrededor de este tema siempre va a haber la influencia política; no es promovida por algún interés particular, se trata de la implosión de un sistema manchado y malfamado que se desquebraja por colosales actos de corrupción. Debemos aprovechar este consenso nacional para lograrlo.
Es un hecho el juicio político contra el presidente de la Judicatura, que, sin coyuntura política ni oportunismo mediático, lo tratará el Poder Legislativo. Las razones son simples: encontraron corrupción pura y dura en las más altas esferas de la justicia.
El caso del juez anticorrupción que desnudó las presiones de la judicatura fue la gota que derramó el vaso.
Las denuncias de corrupción y falta de legitimidad del Consejo de la Judicatura que, por carambola, involucran a quien preside la Corte Nacional, facilitan la decisión de reestructurar la justicia, pues los involucrados no han dado la talla y ninguno ha tenido la decencia de renunciar.
En medio de todo el descalabro institucional, un respiro: la única vocal mujer de la Judicatura rompió el espíritu de cuerpo, que en muchos casos protege la incompetencia y encubre la corrupción.
La carta de respaldo al juez Serrano por parte de la consejera Ruiz, única voz femenina en la Judicatura, es también un grito ciudadano a la Corte Constitucional, para que resuelva la acción interpuesta por el colectivo femenino sobre la inconstitucionalidad en la conformación del Consejo de la Judicatura, porque el inepto Consejo de Participación Ciudadana no respetó la paridad de género en su conformación.
Ojalá y cunda el ejemplo de la única mujer de la Judicatura y que los servidores antepongan la ética al corporativismo, porque cuando el espíritu de cuerpo claudica ante la decencia es cuando el Poder Judicial tiene la oportunidad de renacer y romper las cadenas que mantienen cautiva a la justicia, para que pase a ser independiente, innegociable e inclaudicable.