Diana Acosta: Farsa y cinismo
La destitución debe ser el castigo para quien ha traicionado la confianza pública
Escuchar el circo del juicio político contra Godoy es pura farsa y cinismo.
La actuación de la Asamblea en este delicado caso, que, sin mayor apuro, grita: ¡Censura!, ha sido decepcionante.
El destino político del presidente de la Judicatura debe ser la destitución mediante juicio político; por lo que resulta ofensivo para la ciudadanía ver cómo se ha perdido tiempo en un proceso desgastante que se pudo haber ahorrado en virtud de la abundante evidencia que califica con creces su resultado.
Las declaraciones del juez anticorrupción Serrano ante la Comisión de Fiscalización desnudaron la realidad que muchos jueces viven: la violación de la independencia judicial.
La declaración del valiente jueza quien dejaron desprotegido es una radiografía demoledora de un sistema secuestrado que se rinde al mejor postor.
El conflicto de intereses de la Judicatura en los casos revelados es evidente y escandaloso, y por ello su presidente debió haber dado un paso al costado, por el simple hecho de que la administración de justicia debe estar libre de toda sospecha de parcialidad.
En la Asamblea no se debe dar espacio a las ambigüedades ni a las interpretaciones antojadizas y antijurídicas de la paupérrima defensa. Fue un relato forense sobre la captura institucional deliberada, sistemática y obscena. Fue la confirmación de que un director del Consejo de la Judicatura presionó a un juez anticorrupción para incidir en su fallo.
Da vergüenza ajena escuchar las preguntas de ciertos asambleístas que parecen buscar la protección de Godoy. No se debe normalizar la impunidad, pues acabarán con la poca o casi nula credibilidad que les queda.
Lo que cabe es la destitución formal, pública y registrada en las actas de la historia, con sus respectivas consecuencias jurídicas.
La destitución debe ser el castigo para quien ha traicionado la confianza pública.
Cuando la justicia se corrompe se convierte en un mecanismo de impunidad para la corrupción, y será la Asamblea Nacional la que, con sus votos, falle como corresponda o nos lleve al naufragio institucional.