Fuga de capitales

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Fuga de capitales

La dicotomía no es izquierda o derecha, sino atraer inversiones, no ahuyentarlas

En días pasados, en su columna del Miami Herald, Andrés Oppenheimer, periodista argentino, comentaba un chiste que circula mucho en Florida, en el sentido de que los alcaldes de ese estado debieran hacerles algunos monumentos a los principales gobernantes de Latinoamérica, entre ellos, principalmente a Fidel Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega, los Kirchner; en los últimos años, agregaríamos a Alberto Fernández de Argentina, Andrés Manuel López Obrador de México, Pedro Castillo de Perú y ahora a Gabriel Boric de Chile.

Todos esos nombres, los gobernantes mencionados, son responsables por elevadas sumas de capitales que han emigrado de sus respectivos países, la mayoría con destino a Estados Unidos, en particular al sur de la Florida.

La huida de capitales se produce por temor a políticas económicas equivocadas o regresivas, al congelamiento e inmovilización de capitales, fuertes devaluaciones, mayores impuestos a la formación de patrimonios, a las políticas de gobierno o intenciones manifestadas en sus campañas o nuevas regulaciones al asumir el poder, por parte de los candidatos de izquierda.

El impuesto ISD en el Ecuador, el impuesto de salida de divisas, es una traba simultánea al ingreso de capitales. El impuesto al patrimonio de las personas o de las empresas, es otro contrasentido, un error, una penalización a la permanencia o la formación de capitales en el país. Todas las jurisdicciones compiten y procuran atraer capitales, mientras Ecuador se esmera en ahuyentarlos. Las cuentas de ahorros, los depósitos a plazos, toda forma o tipo de ahorro, debiera estar exento de todo tipo de impuestos y nunca penalizado como lo acaban de hacer, inconsultamente, con el reciente y equivocado Impuesto al Patrimonio. En países donde se cobra impuesto a la renta no debe existir impuesto al patrimonio. Lo uno o lo otro, nunca los dos.

Según el Instituto de Finanzas Internacionales, serían 128 mil millones de dólares en 2021, la cantidad de capitales fugados de América Latina, una cifra superior seguramente resultará en los subsiguientes años, más si las políticas de los gobiernos continúan acentuando su giro hacia el populismo o la izquierda. Son capitales que una vez huidos, difícilmente vuelven. Se quedan invertidos en bienes raíces, proyectos de inversión, cuentas nuevas en las principales bolsas del exterior, en vez de volver y ayudar a desarrollar nuestros empobrecidos países.

Casos exitosos del pasado, Venezuela con sus amplios recursos; México con la oportunidad de ser vecino de un amplio mercado como lo es Estados Unidos; Chile, que fue la envidia del resto de países, por la preferencia y recepción de inversiones; Perú, por la riqueza de sus exportaciones mineras; todos pueden empobrecer, de la noche a la mañana si sus dirigentes gobiernan con emociones, en vez de aplicar políticas correctas en el manejo económico.

La dicotomía no es izquierda o derecha, sino atraer inversiones, no ahuyentarlas.

Como dice Oppenheimer “a menos que los políticos latinoamericanos aprendan, que no pueden reducir la pobreza, ahuyentando capitales, las economías de sus países seguirán cayendo; y Miami, seguirá beneficiándose de su demagogia o de su estupidez”.