Y, ¿por qué nos debe doler Perú?

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Y, ¿por qué nos debe doler Perú?

La memoria aún es fresca, pero debemos asegurar que perdure en el tiempo, que no se desvanezca y distorsione como sucedió en Perú, que no solo eligió al Caballo Loco por segunda vez, si no que ahora lo lleva a elegir a un Castillo íntimamente relacionado con el terrorismo’.

Todos tenemos aún el recuerdo fresco de los últimos 14 años. La prepotencia, el robo descarado, el Estado de propaganda, el amedrentamiento, la corrupción generalizada, potenciada por una época de bonanza que permitió tocar el cielo a algunos y el infierno a otros. El Loco del Ático es nuestro equivalente al innombrable de Perú, también conocido como Caballo Loco; las coincidencias son asombrosas, a pesar de las dos décadas que los separan en el tiempo. Grandes oradores, llegan a la presidencia a una edad relativamente temprana, acaparan una popularidad enorme, llevan a cabo políticas económicas marcadas por el despilfarro, dilapidando las riquezas del país, metiendo la mano en los bolsillos privados para financiar los gastos públicos, cerrando las fronteras económicas al mundo y permitiendo que la corrupción atraviese todas las instancias del aparto público, llenando así sus propios bolsillos y el de sus allegados. Caballo Loco deja el gobierno en 1990 y al verse acorralado por la justicia se refugia en Colombia y luego en Francia, espera pacientemente que sus procesos prescriban para regresar al Perú y participar nuevamente de la contienda electoral, logrando ganar las elecciones para un segundo mandato en 2006. ¿Podrá el Loco del Ático reeditar el recorrido de Caballo Loco?

Si bien la inoperancia morenista solo queda superada por su enorme capacidad de divagar con balbuceos metafísicos, no se puede negar que le debemos que el Loco del Ático esté lejos de la contienda electoral, al menos por el momento. Aquello no impide que este, aún a la distancia, continúe siendo un actor político que mueve el tablero electoral a su antojo, buscando como su par peruano, un eventual retorno al poder.

La memoria aún es fresca, pero debemos asegurar que perdure en el tiempo, que no se desvanezca y distorsione como sucedió en Perú, que no solo eligió al Caballo Loco por segunda vez, si no que ahora lo lleva a elegir a un Castillo íntimamente relacionado con el terrorismo que treinta años atrás había azotado al país.

Es labor de este gobierno evitar que este pueblo olvide, evitar que regrese el Loco del Ático y su banda de la FaRC. Pero también lo es, evitar que algún parido de AVC que haya dejado las armas en los 80 (derrotados por LFC), pretenda como el profe peruano combatir en las urnas. El país tiene que decirlo a voz en cuello. Nuestras FaRC, con el Loco del Ático a la cabeza, fueron un grupo mafioso, sentenciado por delincuencia organizada. Los AVC no fueron grupos subversivos o irregulares, no caben eufemismos, fueron terroristas, asesinos, secuestradores. La historia no puede ser reeditada con comisiones de la verdad, no puede ser reescrita en la aulas, en los libros de texto que leen los niños en la escuela. Nuestros hijos no pueden olvidar.

Es labor de este gobierno, pero también es responsabilidad de todos. El Gobierno debe asegurar el crecimiento económico sin descuidar el ámbito social, debe llevar al Estado a cada rincón de nuestro territorio, debe convertirse en el responsable administrador de los recursos de todos. Nosotros, debemos contar la historia a nuestros hijos, debemos cuidar lo que se les enseña en las escuelas, debemos asegurar que no nos cambien la historia. Es tarea de todos.