Adekeye Adebajo | Donald Trump y la carga del hombre blanco en Nigeria
Trump no ha mostrado un interés genuino por salvar vidas en un país que anteriormente calificó de “país de mierda”
En vísperas de la invasión estadounidense de Filipinas en 1899, el poeta británico Rudyard Kipling exhortó a Estados Unidos a “asumir la carga del hombre blanco”: librar “salvajes guerras de paz”, alimentar a los hambrientos y erradicar la enfermedad. Durante la década siguiente, esta idea se convirtió en el ‘leitmotiv’ de la misión ‘civilizadora’ de Occidente, utilizada para justificar la anexión de territorios en África y Asia. Con el pretexto de pacificar a pueblos ‘salvajes’ y salvar almas, las potencias occidentales explotaron los recursos de sus colonias. Como señaló Samuel Huntington, no fue la fuerza de las ideas occidentales, sino la brutalidad de sus acciones, lo que hizo posibles estas conquistas. Además de las armas, la colonización europea de África se apoyó en la Biblia: convertir a los ‘paganos’ en cristianos. El expresidente estadounidense Donald Trump parece seguir un guion similar al amenazar con una intervención militar en Nigeria -país rico en petróleo y minerales, con 230 millones de habitantes- para salvar a la población cristiana de un supuesto “genocidio”. Evocando viejas justificaciones imperialistas, Trump afirmó que Estados Unidos podría entrar “con las armas en ristre” para acabar con los “terroristas islámicos”. Sin embargo, pese a que los conflictos nigerianos han causado más de 100.000 muertes desde 2011, Trump no ha mostrado un interés genuino por salvar vidas en un país que anteriormente calificó de “país de mierda”. Su administración, de hecho, desmanteló la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, que proporcionaba ayuda vital a cientos de miles de nigerianos y financiaba una parte sustancial del sistema de salud. En este contexto, Trump parece tener tres posibles motivaciones. La primera es su interés mercantilista por los minerales raros, de los cuales cerca del 30 % se encuentran en África. Sus propuestas a líderes africanos y sus gestos diplomáticos en la región se han centrado reiteradamente en estos recursos. No sería la primera vez: en 2011 sugirió apropiarse del petróleo iraquí para “reembolsar” a Estados Unidos, y más recientemente ha realizado acciones hostiles contra la petrolera Venezuela.
Nigeria, además, enfrenta una grave crisis interna. El presidente Bola Ahmed Tinubu y gobiernos anteriores han llevado a cabo una contrainsurgencia ineficaz, marcada por corrupción, incompetencia y prebendalismo. El ejército y la policía se encuentran debilitados; funcionarios han sido acusados de vender armas o colaborar con grupos criminales. Esta situación ha permitido que grupos yihadistas como Boko Haram operen con relativa impunidad, aunque suelen matar a más musulmanes que cristianos. Otros conflictos, como los enfrentamientos entre pastores fulani y agricultores en el cinturón central, responden más a disputas por tierra y agua que a motivos religiosos. Los secuestros obedecen principalmente al bandolerismo.
Una segunda motivación de Trump podría ser complacer a los evangélicos blancos, influyentes en su base política, alimentados por narrativas falsas sobre un ‘genocidio cristiano’. La tercera es el uso de estereotipos racistas y del tropo del ‘salvador blanco’ para reforzar su movimiento MAGA. En conjunto, estas amenazas reflejan una mentalidad imperialista que reduce a Nigeria a un escenario más de una supuesta misión civilizadora basada en la supremacía cristiana blanca.