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César Febres-Cordero Loyola | Un nuevo orden mundial

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La ambición por la creación de un orden global es muy vieja. Desde el amanecer de la civilización

La ambición por la creación de un orden global es muy vieja. Desde el amanecer de la civilización con sus primeros déspotas, que se hicieron llamar hijos de dioses o reyes de reyes, pasando por las pretensiones universales de los césares, kanes y califas, y luego por los imperios coloniales, hasta llegar a los superpoderes nucleares, la historia del hombre puede ser vista como una carrera de relevos en busca del poder hegemónico.

Con el tiempo también fueron surgiendo alternativas horizontales a los sistemas imperiales, como las del rey husita Jorge de Podiebrad y filósofo ilustrado Emanuel Kant, que resultaron ignoradas. Y es que no fueron los ideales ni la razón abstracta, sino el miedo a los efectos terribles de la guerra moderna, lo que impulsó la creación de sistemas multilaterales de diálogo y cogobernanza.

Como respuesta a la Revolución francesa y a Napoleón, que introdujeron las levas masivas de soldados y, detrás de ellas, al liberalismo, hubo un intento de cimentar con el Congreso de Viena un orden reaccionario que estabilizara a Europa. Décadas después, la Conferencia de Berlín pretendió dividir pacíficamente al África entre las potencias colonizadoras. Ambos fueron fracasos rotundos.

La formalización de leyes universales para los enfrentamientos precedió a la Gran Guerra y fueron ignorados durante ella y, justo después de concluida, se trató de crear una organización dedicada a la resolución pacífica de los conflictos, la Liga de Naciones, que no logró prevenir el inicio de una guerra aún peor. Un segundo intento, las Naciones Unidas, al menos contó con la participación del gran poder del siglo, los Estados Unidos, pero hoy su presidente se retira de a poco de ese sistema y busca reemplazarlo, tan solo tres décadas después del anuncio anticipado del triunfo definitivo de la democracia liberal y del capitalismo globalizado y, con ello, de la paz.

Esta semana en Davos, al ver que ni la interdependencia económica detuvo a los rusos en Ucrania ni la fraternidad democrática evita que los Estados Unidos abusen de ella, los ‘puissances moyennes’ finalmente reconocen que es hora de un nuevo intento de establecer un orden mundial.