César Febres-Cordero Loyola | Lo que podemos esperar del 2026
En unos mesecitos se acaban los subsidios a los transportistas y empieza la pelea por las seccionales
Hoy comienza el Año del Señor 2026 y después de capear la resaca de cualquier orden con la que nos tocará lidiar a cada uno, volveremos en unos días a nuestras labores habituales. “Borrón y cuenta nueva”, saben decir por ahí, y no hay nada como el jolgorio de Navidad y Fin de Año para mandarse un buen borrón, al menos si se vive según las paganas costumbres que nuestra sociedad nominalmente cristiana ha bautizado (hagamos todos un ‘mea culpa’). El problema que debemos avizorar es que la cuenta nueva puede salirnos en contra muy temprano en el año.
Comencemos por el panorama económico, que es tibio, tibio, como se pone la copa que espera el brindis de las 12. No es un escenario de crisis ni tampoco de repunte, más bien a juzgar por lo que dicen los entendidos es uno de “oportunidades para corregir” (léase ‘no esperen nada’). Llevamos un década con el empleo formal atascado, el crecimiento lento, la producción petrolera atrofiada y la inversión extranjera elusiva como siempre. La fórmula política que supuestamente podía destrabarlo todo, la reforma constitucional, se cayó por varias razones que sobrepasan la impopularidad gubernamental: el hecho de que el común de la gente simplemente no tiene apetito para tales cambios quedó en evidencia cuando el súper Noboa del 2024 perdió justito las dos preguntas económicas en su primera consulta. Nomás esperemos algo, alguito, en el campo de los acuerdos comerciales y pidámosle a los Reyes que le digan a su colega Donald que no se olvide de los camaroneros.
Lo político, por otro lado, bien que podría ponerse más caliente. En unos mesecitos se acaban los subsidios a los transportistas y empieza la pelea por las seccionales. Teniendo en cuenta que la postura oficial es que una vez agotadas las promesas del Gobierno el asunto de los pasajes urbanos pasará a los municipios, no habría que sorprenderse si los dos temas se mezclan de alguna manera, lo que a fin de cuentas sería positivo en comparación a la alternativa en caso de que Carondelet no resuelva la cosa con más plata: para no empezar con malos augurios, solo digamos que la palabra empieza con p y termina con aro.
Feliz año y buena suerte a todos.