César Febres-Cordero Loyola | Después del maduro, refrito
¿Qué le espera a Venezuela después de esto? Quizá ni en Washington lo saben bien
A lo largo de los últimos meses, el mundo observó con atención los acontecimientos en el Caribe, esperando una conclusión al enfrentamiento entre Donald Trump y la dictadura venezolana. Si bien la incursión del 3 de enero tomó a todos por sorpresa, desde aquellos que esperaban el derrocamiento militar del régimen chavista hasta quienes pensaban que el asunto no pasaría de la diplomacia de cañonero, el desenlace no ha llegado aún.
Trump buscaba una victoria barata pero a la vez digerible para varios de los integrantes de su coalición: entre ellos los grupos de presión anticomunistas latinos, cuya cabeza visible es el secretario de Estado, Marco Rubio, así como los republicanos que promueven la intervención militar como método de lucha contra el tráfico de drogas, entre quienes destaca el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Para ahorrarse una guerra, Trump tenía que renunciar a un intento inmediato de cambio de régimen, pero para apaciguar a sus aliados necesitaba algo más que un acuerdo sobre el petróleo. Maduro, a quien las autoridades estadounidenses han calificado como un capo de la droga, tenía que irse, preferiblemente por las buenas.
Pero Maduro pedía demasiado, cosas como amnistías y el levantamiento de sanciones, y sus payasadas en tarima hicieron perder la paciencia a Trump. Así que el sucesor de Chávez salió por las malas. Mientras él se enfrenta a la justicia federal, sus aliados los Rodríguez se han quedado con el poder, posesionados ante el aplauso lagrimoso de su hijo Nicolasito, y la represión continúa en Caracas y el resto del país.
¿Qué le espera a Venezuela después de esto? Quizá ni en Washington lo saben bien. Sea por haber aceptado el Nobel o por su incapacidad para convencer a Richard Grenell, enviado de Trump para Venezuela, y a la CIA, de que podía tomar y conservar el poder en Miraflores, María Corina Machado está fuera de juego. Y en la Casa Blanca cada uno insiste en su obsesión: el presidente Trump casi solo habla del petróleo, Stephen Miller fantasea sobre el poder hegemónico y el control migratorio, y Rubio deja claro que su mira sigue puesta en Cuba. La transición, si es que algún día llega, tendrá que esperar.