Mujeres, solo para facturar
No más marketing violeta, esa manera despreciable de decirnos “estamos trabajando por las mujeres” sin estar haciendo un carajo por nosotras.
La independencia económica es clave en la lucha contra la violencia de género. Siempre y cuando las mujeres tengamos independencia en nuestra economía, aunque no es imposible, será mucho más difícil la permanencia en círculos de violencia.
Por eso se aplaudió la iniciativa de crear, en 2021, una Ley de Economía Violeta en Ecuador. Un país en el que 3 de cada 10 mujeres tiene trabajo pleno, en el que una mujer gana 80 centavos por cada dólar que gana un hombre que ocupa el mismo cargo.
El problema es que, como en la mayoría de los casos, se lanzan proyectos, leyes y se construyen personajes que quieren abanderarse de la causa para obtener réditos políticos. Pero una vez que empiezan a trabajar, nunca terminan y -en este caso particular- cuando “están por terminar” no se dan cuenta de que transgreden derechos.
¿Cómo es posible que no se hayan dado cuenta de que la ley reducía los meses de permiso de lactancia para las mujeres? ¿Cómo una ley pasa por varias personas y nadie se percata de ese error? Tienen esa ley en sus manos desde hace más de un año y aunque activistas en redes han denunciado que sí se avisó del error, que la ley estaba yendo contra sentencias ya establecidas, dicen que nadie la vio.
Salgamos de lo romántico de tener una “ley de economía violeta”. ¿Qué buscan? Conformar a un sector abandonado por las políticas públicas y contentarse con la publicidad. En este país nos han acostumbrado a lanzar con pompa cosas que jamás se concretan, a vendernos humo, a crear leyes y ministerios que no cumplen con su cometido, a tener asambleístas que solo quieren la foto y luego se olvidan de su propósito.
¿Realmente se necesitaba esa ley? Considero que es más importante abrir más líneas de crédito para las mujeres emprendedoras. Las mujeres ya pueden facturar y pueden tener periodos de lactancia sin más reglamentos. Lo que queremos es que las instituciones del Estado nos protejan y hagan carne lo que está escrito.
No más marketing violeta, esa manera despreciable de decirnos “estamos trabajando por las mujeres” sin estar haciendo un carajo por nosotras.