Nos han dejado solos

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Nos han dejado solos

Las calles se calientan y las autoridades necesitan salir de sus despachos y hacerse cargo

Violencia en los semáforos, en las calles, dentro del carro, en el taxi, en el bus, mientras caminas, haces deporte, tomas un café en un restaurante, sales a cenar, cuando vas a un centro comercial, al teatro, al cine o en tu propia casa. No existe un lugar seguro en la ciudad.

¿Quién asume la responsabilidad? ¿Qué está haciendo el Ministerio de Gobierno frente a esta ola delincuencial que atraviesa la ciudad? Tal vez la ministra Vela tiene una respuesta, pero como no hay propuestas ni declaraciones porque no es un tema de importancia, el silencio otorga.

¿Qué está haciendo el presidente Lasso? ¿Sabrá el presidente que hace más de dos meses la vacante del Viceministerio del Interior no se ha llenado? ¿Quién está al mando de la seguridad del país?

¿Y la Alcaldía? ¿Sabrá la alcaldesa Viteri que el Municipio también tiene la competencia de la seguridad en ciertos puntos? Sí depende del Municipio garantizar el orden en las calles, sí es responsabilidad de la Alcaldía evitar desmanes en los semáforos. Guayaquil tiene más competencia en ello que cualquier otra ciudad, se han pasado años hablando del plan Más Seguridad. Actívenlo de una vez. Coordinen con la Policía. ¿Cuántos recursos tiene la Corporación para la Seguridad Ciudadana de Guayaquil y qué está haciendo con ellos? La ausencia del Estado se siente.

¿Y la Fiscalía? ¿Sabrá Diana Salazar que hay fiscales incapaces de presentar un buen caso para meter preso a un delincuente? ¿Sabrá María del Carmen Maldonado que los jueces tienen miedo de emitir sentencias por temor a represalias? ¿Habrá sospechosos detenidos por los sicariatos en la ciudad o pasan a engrosar los archivos como si fuera un robo de celular?

¿Sabrán las autoridades que nos están matando? ¿Les importa que nos roben la paz? ¿Quién va a parar esto? ¿Es nuestro trabajo o el suyo?

Porque lo más grave de todo esto, además del miedo colectivo, es que la inseguridad frena cualquier posibilidad de reactivación. El mensaje de impunidad que se está enviando es atroz. Las calles se calientan y las autoridades necesitan salir de sus despachos y hacerse cargo.