Atrapados por la impunidad

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Atrapados por la impunidad

Estamos atrapados en una violencia que no se palpa solo en las calles, sino en las redes sociales, en los medios

Es muy complicado escribir esta columna cuando siento lo que la mayoría percibe: que estamos en un callejón sin salida. Estamos atrapados en una violencia que no se palpa solo en las calles, sino en las redes sociales, en los medios. Nos impregnamos de ese miedo y lo llevamos a nuestros hogares. Nos hemos convertido en seres humanos narcotizados por el horror, nos ha dejado de sorprender tanto, que solo reclamamos en Twitter, pero estamos impedidos de reaccionar.

Ya no solo "nos ven la cara", como dije la semana pasada. Hoy son más poderes que, alejados de nuestros problemas y nuestras realidades, solo piensan en las próximas elecciones. El Gobierno, las autoridades judiciales y el poder Legislativo nos mantienen perplejos hasta el próximo escándalo, el próximo error. Ya basta de hablar de vacunación mientras miles de personas siguen sin ser atendidas en hospitales, aunque tenemos un vicepresidente médico. Nuestra ministra de Salud es premiada afuera pero aquí la sanidad pública muestra síntomas de muerte por todos lados.

A las mujeres nos matan todos los días, nos apuñalan en los parques temprano en la mañana pero eso ya no sorprende... ya no importa que más de 70 mujeres hayan sido asesinadas en lo que va del año. ¿Cómo puede ser impactante esto si hay un niño que presencia el crimen de su amado abuelo a la luz del día? ¿Si un policía activo contrata sicarios para matar a su exmujer y termina asesinando a su propia hija de menos de un año?

Estamos atrapados por la impunidad: tenemos un poder judicial que se cae a pedazos, que utiliza recursos inverosímiles para tratar de explicar el nivel de corrupción al que hemos llegado. La Asamblea es un nido de corrupción y quemeimportismo, cuyos integrantes se aferran a cargos y buscan beneficios personales.

Y mientras se agotan las salidas, empiezo a pensar si el pasado fue mejor. Es algo que debemos meditar, por supuesto, pero es más importante mirar hacia el futuro. ¿Cuánto más se tiene que descomponer el país para que recuperemos nuestro poder para cambiarlo?