Carlos Alberto Reyes: Fin de año

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Impresentables actuaciones develan el lado oscuro de los acuerdos, donde el discurso barato y oportunista muestra con descaro las intenciones ocultas

Resuenan las campanas del ático. Cual estrellita de Belén que anuncia la llegada del Salvador, desde el ático las campanas repicaron para advertir la llegada de la ley. Y es que la fiscal tenía preparado, para deleite del país, una sorpresa navideña, una investigación minuciosa y pormenorizada que logra destapar una inmensa olla de grillos donde a través de interminables chats se perfila la estrecha participación coordinada de narcos, políticos, jueces, fiscales, policías, comunicadores, empresarios, entre otros, todos orientados a desarrollar actividades ilícitas, revelándose así la podredumbre y putrefacta estructura delictiva enquistada en la sociedad ecuatoriana.

Metástasis, nombre gráfico y preciso del caso, revela la frialdad con que se ordena seguir y matar a quien se interponga en el camino de la impunidad, sean políticos, periodistas, fiscales o quien sea.

A la par de la revelación de esta investigación, la Asamblea por su lado no tardó en mostrar su verdadero rostro. Una Asamblea recién inaugurada, pero con los rostros de siempre, logró sorprender con la expedita aprobación de una ley en materia económica y otra en materia de seguridad que daban cuenta de un claro ejercicio democrático, quedando en el aire la suspicacia del acuerdo detrás de tanta agilidad.

Las lineas rojas tantas veces cacareadas perdieron su color, la impunidad parece imponerse en la agenda con actuaciones poco claras, con bloques que abandonan la sesión, con un presidente que estratégicamente pide licencia sin sueldo y con reemplazos que saben a lo que van, impunidad.

Desde el juez investigado que pide a la Asamblea un pronunciamiento que no le corresponde, el ‘quorum’ dado por los unes y los otres, hasta la votación para nada que es interpretada a antojo partidista. En medio de esta maraña de cálculos partidistas y movidas estratégicamente planificadas, el individuo en cuestión ya se encuentra a buen recaudo entre tacos y mariachis. Estas impresentables actuaciones develan el lado oscuro de los acuerdos, donde el discurso barato y oportunista muestra con descaro absoluto las intenciones ocultas.

Y así termina el año, entre el campanero del ático, el huésped tequilero, el estimado, el patrón, el de la boina y otros tantos alias repartidos entre narcos, mafiosos, asambleístas, jueces, policías y fiscales; las calles siguen calientes, los secuestros a la orden del día, las vacunas se masifican, la economía sigue estancada, el niño que amenaza, y los yasundidos que seguramente siguen celebrando que el país tendrá menos dinero gracias a ellos y a más del 50 % de la población que se tragó su cuento y votaron por dejar el petróleo en el suelo, como si nos sobraran los recursos.

El año cerrará con un déficit que bordeará los 5.000 millones de dólares, y a pesar de haber aprobado la flamante Ley Económica, la primera que no nos mete tanto la mano al bolsillo, no se ve perfilado un plan económico coherente que vislumbre un halo de estabilidad para el 2024.

Son muchos los frentes que deberá enfrentar el novel Gobierno de Noboa, en un año que además será electoral y se jugará su reelección.

No nos queda mayor alternativa que arrimar el hombro dentro de nuestras competencias para lograr sacar el país a flote.

¡Un feliz año!