Columnas

Prueba Ser Bachiller

No juguemos tan perversamente con nuestra juventud.

Posiblemente con sanas intenciones de mejorar nuestra situación, pero con acierto se afirma que “el infierno está empedrado de buenas intenciones…” y, por desgracia eso es lo que nos acontece. De buenas intenciones no pasamos. La prueba Ser Bachiller que se ha implementado para que nuestros jóvenes bachilleres accedan a estudiar una carrera en las universidades del país constituye un fracaso por donde se lo mire. 

Es una prueba que atenta contra el futuro de nuestras juventudes que hoy, como ayer y como siempre, están sedientas por luchar en la vida debidamente capacitadas intelectual y éticamente. Mas, resulta que Ser Bachiller no es la prueba adecuada para que la juventud encuentre un sendero para su superación. 

Hay desaliento en nuestros jóvenes. El país exige una explicación de cuáles fueron los parámetros en que se basó esta prueba. Se dice, y debe probarse, que los programas de educación secundaria no son los mismos para todos los colegios de la república, razón por la cual no todos los estudiantes están capacitados por igual y, por ende, los resultados de la prueba Ser Bachiller son los que acaban de darse en esta oportunidad.

Maestros de alto prestigio pedagógico en la educación escolar y secundaria han “gritado” en mil oportunidades, sin que se los haya escuchado, que es necesario que se haga una profunda revisión de los programas de enseñanza para coordinar debidamente la primaria con la secundaria. Si a esto se agrega la corrupción propiciada por “empresas” dedicadas a entregar con anticipación a los participantes en el programa Ser Bachiller las preguntas que les van a formular con sus respectivas respuestas demostraría, de ser verdad, el estado de putrefacción en que está sumida nuestra sociedad. 

No juguemos tan perversamente con nuestra juventud. El Estado debe solucionar este problema que es tan grave como la crisis fiscal o la deuda pública, para que los jóvenes ecuatorianos no engrosen los ejércitos de los “ni ni: ni trabajan ni estudian”.