Columnas

Del poder a la cárcel

Este compromiso debe asumirlo el próximo gobierno, si es que en realidad quiere construir un nuevo Ecuador.

La sentencia que acaba de dictar la justicia dentro del juicio Sobornos, antes Arroz Verde (cohecho), que es un juicio seguido por actos de corrupción contra Correa y sus colaboradores más cercanos, contra legisladores, contra empresarios privados, es un juicio histórico por mil razones. Por ser la primera vez que se condena a un presidente y a un vicepresidente de la república. Porque es una sentencia que obedeciendo disposiciones constitucionales dictadas nada menos que por la carta de Montecristi, obra de la “ robolución “ ciudadana (RC), deja a Correa y a sus “amigos “ inhabilitados para toda la vida para desempeñar funciones de elección popular, porque además la pena que se les ha impuesto es imprescriptible, de tal manera que aunque pasen los ochos años de la condena impuesta, si son capturados o se presentan a la justicia ( que es imposible para espíritus endebles y acomplejados ) están obligados a cumplir la condena. De tal manera que la suerte de todos estos “famosillos” delincuentes está echada. Del poder, que estúpidamente creyeron que lo iban a tener ‘per secula seculorum’, van a la cárcel. Dolorosa realidad, pero cierta. Pueden irse a quejar ante los organismos internacionales, como dicen sus abogados defensores ( ¡qué otra cosa pueden decir! ) y nada pasará… Otro aspecto trascendente de esta sentencia es la lección que ella deja a los políticos y empresarios privados para que actúen con ética, con honradez, con trasparencia en el manejo de los fondos que son del pueblo. Que piensen que el dinero no es todo. Que detrás de cada uno de ellos hay hijos , nietos, que lastimosamente y “sin querer queriendo” reciben como herencia ser descendientes de ladrones. Y otra, tan importante como las anteriores, es que el gobierno que nace en febrero del 2021 debe comprometerse seriamente para hacer todo lo posible, que sí se lo puede hacer, para recuperar los dineros robados. De nada vale la pena impuesta si los ladrones van a vivir una vida de millonarios con los dineros robados al pueblo. Este compromiso debe asumirlo el próximo gobierno, si es que en realidad quiere construir un nuevo Ecuador.