Beatriz Bencomo: Realpolitik a la deriva
Es el proyecto que da sentido al viaje. Sin Ítaca, Odiseo no navega, deriva
Los griegos tenían dos palabras: ‘metis’, astucia, y ‘sophia’, sabiduría. Inventaron a Atenea para unirlas. Porque sabían que la primera sin la segunda no llega a ninguna Ítaca. Gracián lo entendió en el siglo XVII. Hay una diferencia entre ganar y gobernar, entre maniobrar y construir. La astucia pregunta qué funciona.
La inteligencia pregunta hacia dónde. Venezuela esta semana es el laboratorio extremo de esa distinción. Maduro fue capturado. Trump anunció que Estados Unidos “dirigirá Venezuela temporalmente”. Y la transición se activa en favor de Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen, ahora “canal de transición” reconocido por Washington. La razón es simple: en contextos de shock, las transiciones no se definen por legitimidad moral sino por capacidad de control. La pregunta ya no es quién tiene razón.
Es quién puede ordenarle al aparato. Eso es realpolitik. Cálculo puro. Estabilizar primero, democratizar después. Si acaso. El tablero es más amplio. En el norte, Groenlandia: Trump habla de anexión. En el sur, Venezuela. Ambas zonas concentran recursos críticos, posición estratégica, interés chino y ruso. La lógica es la misma.
La política, lejos de ser ética aplicada sobre instituciones estables, reglas claras y un tablero común, se ha vuelto habilidad de supervivencia en un mundo donde cada actor ha vuelto a definir sus propias reglas. Y ahí está el peligro que nos horroriza. Gracián escribió para cortes peligrosas. Sus aforismos no eran cinismo, eran lucidez. “No entrar donde no se puede salir.” Pero también sabía que la astucia sin inteligencia corrompe.
Que maniobrar indefinidamente no es gobernar, es postergar el colapso. La realpolitik que nos gobierna hoy tiene demasiada astucia y muy poca inteligencia. Todos calculan. Nadie proyecta sobre valores compartidos que sostengan. Gracián tenía razón: hay que saber hacia dónde navegar. Atenea lo sabía: sin ‘sophia’ el astuto solo da vueltas. Porque ninguna astucia llega a Ítaca si ha olvidado que Ítaca es un mundo sólido. Ítaca no es solo hogar. Es el proyecto que da sentido al viaje. Sin Ítaca, Odiseo no navega, deriva.