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Beatriz Bencomo | Dolor sucio vs. dolor limpio

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Navegar, no naufragar. Fluir, no congelarse. Y en tiempos de convulsión, Celine sabe que la rigidez mata

Pilar Sordo cuenta la historia de Celine Dion y el Síndrome de la Persona Rígida, una enfermedad que tensa los músculos hasta producir espasmos que rompen costillas. Celine intentó resistirse: se preparaba, se tensaba, luchaba. Y mientras más luchaba, peor era el dolor. Hasta que comprendió algo desarmante: “Sé dócil”. Aprendió a dejar que la convulsión la atravesara. Y solo entonces pudo volver a cantar.

Steven Hayes, creador de la Terapia de Aceptación y Compromiso, desarrolló a partir de años de investigación una distinción fundamental: dolor limpio vs. dolor sucio. El dolor limpio es lo inevitable: la enfermedad, la pérdida, la verdad de que el mundo no funciona como creíamos. El dolor sucio es el que añadimos nosotros: la rumia, la resistencia, la lucha contra lo que ya es. Cuánto de nuestro sufrimiento viene de la historia que nos contamos sobre por qué algo no debería estar pasando, en lugar de enfrentar que está pasando.

Pienso en esa distinción cuando observo cómo analizamos la política. Existe un dolor limpio político: reconocer que el poder no funciona según ideales sino intereses. Ese reconocimiento duele. Pero luego está el dolor sucio: la frustración perpetua de quienes esperan que la realidad se comporte de otra manera, la indignación de quienes confunden lo que debería ser con lo que es. Es la indignación que no produce acción, solo agotamiento.

La palabra ‘dócil’ tiene mala prensa en nuestra época. La asociamos con debilidad, con pasividad, con rendición. Pero lo que el cuerpo de Celine le enseñó, y lo que nuestro momento histórico nos está enseñando, es que la docilidad puede ser el acto más inteligente si es asertiva, creadora y antiparalizante. Es movimiento inteligente, no rendición. Celine aprendió que puede cantar no a pesar de su enfermedad, sino a través de ella. Esa docilidad no la curó, pero sí cambió si podía vivir con ello o morir de rigidez. La docilidad es saber navegar en la incertidumbre. Navegar, no naufragar. Fluir, no congelarse. Y en tiempos de convulsión, Celine sabe que la rigidez mata.

La columna fija la idea. En Instagram y en LinkedIn exploramos el cuerpo. @bb_latente