Arturo Moscoso | Ya no mueren con tanques
Lo ocurrido con la intervención a EXPRESO no puede leerse como un simple episodio administrativo
Levitsky y Ziblatt explican en Cómo mueren las democracias que los regímenes democráticos contemporáneos rara vez colapsan con estridencia. Más bien se erosionan mediante decisiones formales y actos que, vistos aisladamente, parecen legales. El deterioro no viene de violar la norma, sino de utilizarla.
Estos autores sostienen que una señal clásica de deterioro democrático es la restricción de las libertades civiles, especialmente la libertad de prensa. No se empieza cerrando redacciones con policías o deteniendo a periodistas y editores (eso viene después). Se empieza deslegitimando, presionando, condicionando. Poco a poco.
En ese contexto, lo ocurrido con la intervención a EXPRESO no puede leerse como un simple episodio administrativo. Puede tener justificaciones técnicas, puede encuadrarse dentro de facultades formales, pero políticamente es otra cosa. Y en democracia la dimensión política importa tanto como la jurídica.
Porque cuando un medio relevante y crítico al poder es intervenido, el mensaje que circula no se queda en ese medio. Lo que se instala es la idea de que incomodar tiene costos. Y ese clima, aunque nadie lo declare, modifica comportamientos y favorece la autocensura.
Ahora bien, así como preocupa la presión sobre medios críticos, también lo hace la comodidad de medios y periodistas genuflexos al poder. Siempre hay quienes descubren virtudes repentinas en el gobierno de turno o quienes confunden acceso con independencia y silencio con responsabilidad. Y esa genuflexión voluntaria también erosiona la democracia.
La libertad de prensa no es un privilegio empresarial, sino un mecanismo de control ciudadano. Si se la debilita, también lo hace la posibilidad de que los gobernantes rindan cuentas. Cuando los contrapesos se reducen, el margen de abuso crece.
Y nada de esto sucede con un final dramático. Precisamente ese es el punto. Las democracias ya no mueren con tanques. Mueren cuando nos acostumbramos a que resoluciones, intervenciones y silencios interesados parezcan normales. Y cuando finalmente entendemos que algo cambió, ya es demasiado tarde.