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Arturo Moscoso Moreno | La calentura no está en las sábanas

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Una justicia percibida como manipulable erosiona la confianza ciudadana

Lo voy a decir de entrada para que quede muy claro: Mario Godoy debería dar un paso al costado o ser censurado y destituido. No como respuesta a la indignación del momento, sino porque un presidente del Consejo de la Judicatura rodeado de cuestionamientos tan graves no puede seguir actuando como si el problema fuera menor. En cualquier democracia mínimamente seria, eso, al menos, se consideraría responsabilidad política. Debe irse y punto. Dicho esto, viene la pregunta incómoda. ¿Su salida resolverá el problema?

En Ecuador tenemos una tendencia curiosa. Cada vez que la institucionalidad entra en crisis, asumimos que la calentura está en las sábanas. Que el mal está en las personas, no en el sistema. Entonces cambiamos autoridades, lo celebramos, respiramos aliviados y seguimos exactamente igual. El ritual se repite con entusiasmo, siempre con los mismos resultados.

La justicia ecuatoriana no funciona mal porque una persona se porte mal. Funciona mal porque está organizada con incentivos perversos, controles frágiles y una tolerancia casi estructural a la injerencia política. El caso Godoy no es una excepción escandalosa, es apenas otra confirmación de cómo opera un sistema que hace tiempo dejó de sorprendernos, aunque sigamos indignándonos.

El daño, además, no se queda en los expedientes judiciales. Una justicia percibida como manipulable erosiona la confianza ciudadana. Y cuando la confianza se pierde, las reglas dejan de importar. Entonces la democracia empieza a verse como un trámite inútil y lento. En ese clima, la mano dura no asusta, seduce.

Si de verdad se quisiera cambiar algo, se debería debatir seriamente al respecto. No basta con destituir autoridades, aunque sea necesario. Lo que hace falta es una reestructuración total y una depuración profunda del sistema de justicia. El problema es que eso no va a pasar. No porque sea imposible, sino porque a demasiados actores les conviene que sigamos creyendo que la calentura está en las sábanas. Por eso, sí, Godoy debe irse. Pero si otra vez creemos que eso es suficiente, estaremos repitiendo el error de siempre.