Premium

Arturo Moscoso | El narco no solo mata. También seduce

Avatar del Arturo Moscoso Moreno

Es más fácil insultar ‘influencers’ que preguntarse por qué en este país el crimen ofrece más futuro que el trabajo

El escándalo de las ‘narcobarbies’ es el último circo nacional. Pero la indignación es selectiva y casi siempre misógina. Se grita contra las chicas, se revisan fotos, se comentan cuerpos, se escarba en Instagram. No para entender el fenómeno, sino para consumirlo. Y ojo, no son ni ingenuas ni decorado. No son solo acompañantes del narco, son parte del dispositivo que lo vuelve deseable y aspiracional. Pero reducir todo a ellas es la forma más cómoda de no ir más allá. Porque, mientras tanto, el dinero se lava tranquilo. Nadie le hace ‘reels’ a la corrupción. Nadie cancela al funcionario que firma, al empresario que presta la cuenta, al político que mira a otro lado.

Se ha reducido un problema estructural a un desfile moral, no porque no existan responsabilidades individuales, sino porque así evitamos las más incómodas. Es más fácil insultar ‘influencers’ que preguntarse por qué en este país el crimen ofrece más futuro que el trabajo. Es más sencillo burlarse de la superficialidad ajena que aceptar que hemos construido una cultura donde el lujo y la plata, vengan de donde vengan, son la meta a alcanzar. Los valores han sido sustituidos por una ética de vitrina. Valer es tener. Existir es mostrar. En ese mundo, el narco no es villano, es patrocinador.

Así, el problema no son solo las muñecas, es un país que convirtió al delincuente en modelo aspiracional y a la impunidad en garantía. Un país donde el narco no solo compra armas, compra prestigio. No solo compra jueces, compra admiración. No solo compra silencio, compra deseo.

Y ahí está el verdadero peligro de esta polémica. Nos deja descargar rabia sin rozar a los que protegen este negocio. Moralizar sin incomodar. Gritar sin investigar. Nos permite quedarnos en la superficie mientras el sistema que hace posible esa estética, ese dinero y ese prestigio sigue intacto.

Porque cuando un país convierte al crimen en promesa de ascenso, cuando vuelve sexy al depredador y rentable al verdugo, el narco deja de ser solo un negocio de muerte. Se vuelve un proyecto cultural. Y cuando eso pasa, el narco no solo mata. También seduce.