Andrés Isch | Un espejo de 85 años
Esta sociedad tiene una necesidad de convertir a las escuelas en un espejo donde puedan reflejarse sus estudiantes
Esta semana el Colegio Americano de Quito celebró 85 años de vida. Muchísimas generaciones han pasado por él y grandes referentes, comenzando por su fundador, el expresidente Galo Plaza Lasso.
El nombre del Americano evoca una institución en sí mismo: hacia afuera, el reconocimiento de haber sido pionero en una educación distinta que, aun con defectos, nunca tuvo miedo a experimentar modelos que permitan formar líderes; puertas adentro, cariño y nostalgia en sus alumnos, pero sobre todo un gran sentimiento de pertenencia. Un colegio en el que la identidad individual es compatible con la identidad colectiva lo que, con el tiempo, contribuye a que cada persona encuentre su propio camino al mismo tiempo que forma parte de algo más grande que sí mismo.
Esta sociedad tiene una necesidad de convertir a las escuelas en un espejo donde puedan reflejarse sus estudiantes. Hay una compleja bola de nieve que desde hace dos décadas sigue creciendo y en cuyo centro está el desconocimiento de quiénes somos, con hogares fragmentados por la migración, la irresponsabilidad de padres que abandonan a sus hijos y la desconexión absoluta de los chicos con su entorno. Y si no hay un cable a la familia, al aula, a la escuela o al barrio, tampoco habrá razones para encontrar en esos espacios referentes positivos a los cuales emular.
José Saramago sostiene que “La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente, en ser, y el ser no puede ser negado”.
El ser de una persona, en palabras de Sartre, se construye a sí mismo con decisiones tomadas en libertad. Entender quiénes somos, a qué pertenecemos, es esencial para definir un rumbo que nos permita ser mejores, para abandonar herencias de pobreza o violencia. Es esencial también para diferenciar el bien del mal, para ser solidarios y trascender. Suplir desde la educación las carencias de la sociedad. Manifestar el futuro desde la confirmación de capacidades propias. Ofrecer abrigo mientras pasa la tempestad. Como lo hace, incansablemente, el Colegio Americano.