Andrés Isch: La reforma de Milei
El resultado está por verse, pero sin duda es un experimento en tiempo real que puede marcar el norte para la región
Javier Milei logró la aprobación de su reforma laboral, hito que desde siempre fue visto como fundamental para la propuesta de transformación profunda con la que ganó las elecciones. Argentina, país de eternas contradicciones, está marcada por ciclos de fracaso, tan dramáticos como previsibles. Pese a tener enormes ventajas geopolíticas y culturales, en un siglo pasaron de ser la quinta economía del mundo a convertirse en los reyes del ‘default’ y la hiperinflación. El origen de este círculo perverso es claramente identificable en Perón y la implantación de un modelo populista y clientelar, donde la conexión emocional de los gobernantes con el electorado ha sido directamente proporcional a su irresponsabilidad.
El peronismo, con un populismo más cercano a la derecha en sus inicios, se rindió ante el modelo socialista durante los períodos de los Kirchner (incluido el de Alberto Fernández), con una receta ya conocida: gastar, endeudar e imprimir billetes para levantar sus niveles de aprobación y que después la cuenta la paguen otros. En el medio, una expansión de ‘derechos’ laborales que llevaron a tener a la mitad de la población bajo la línea de pobreza y en la informalidad.
Milei ha decidido romper esa dinámica con una reforma profunda pero mucho más moderada que lo que los textos libertarios recomiendan. Ha dado un salto que no deja de tener altísimo riesgo político, pero lo ha hecho con la confianza de que el impacto será positivo en la generación y formalización de empleo, equilibrando unas condiciones y racionalizando otras, por ejemplo, alrededor de la limitación del alcance de la huelga, prohibiendo la paralización absoluta de sectores estratégicos y prioritarios. Es una visión que confía en la capacidad de las partes para encontrar los equilibrios que más convengan a sus intereses y que, sobre todo, pone el enfoque en los desempleados antes que en quienes ya tienen una relación laboral consolidada.
El resultado está por verse, pero sin duda es un experimento en tiempo real que puede marcar el norte para la región. No hay experiencias recientes de cambios en esta dirección y yo, al día de hoy, apuesto por un resultado exitoso que contribuirá a sacar de la pobreza a una cantidad importante de argentinos.