Columnas

¿Quién los llora?

'Asumamos la responsabilidad de dar un giro hacia el crecimiento, hacia el desarrollo’.

Ahora, cuando nos preparamos a enviar otro ejército de bachilleres a la vida universitaria, recordamos aquella década en que nos atormentaron con la culpa de haber causado una de las más grandes corrientes migratorias de ecuatorianos hacia Europa y otros países. En efecto, éramos impelidos casi al llanto por la responsabilidad de toda la mano de obra exportada allá por el cambio de siglo? Y a los que hoy se van? ¿Y a los profesionales recién titulados que se fueron en esos 10 años? ¿Y a los bachilleres recién graduados de estos doce años que buscan fuera de las fronteras para realizarse mejor? ¿Quién los llora? ¿Quién se lamenta por tantos jóvenes que aun profesionalizándose entre nosotros, tienen su mente en el extranjero porque aquí no hay oportunidades? ¿Qué esperamos para hacer un nuevo país? ¿Para hacer una nueva sociedad, en la que formarse y en la que crecer junto a los suyos sea posible?

Si hemos de ser economicistas tendríamos que decir que aquellos que se fueron durante el 2000 poco o nada le costaron al Estado. La patria les dio suelo en qué nacer, aire que respirar y paisaje. Poco invirtió en ellos y salieron allende los mares a buscar oportunidades, pero el costo fue bajo para el Estado. En cambio, aquellos que salen con títulos bajo el brazo, con carreras culminadas, representan sin duda, aparte de la pérdida humana de gentes valiosas, la pérdida económica de una inversión hecha en quienes se van a servir a otra parte.

Por eso decimos: ¿y a estos quién los llora? ¿Quién se conduele de estas pérdidas y de esos sueños que se avizoran y se entretejen lejos de la patria porque no hay oportunidades, porque no hay opción de crecimiento, porque no hay retribución al esfuerzo realizado?

Trabajemos sí mejorando el sistema educativo, reordenando el currículo, dejando libertad académica para que las instituciones adecuen sus modelos al vértigo que marcan los tiempos.

Descentralicemos pues y permitamos mejores resultados, pero también asumamos la responsabilidad de dar un giro hacia el crecimiento, hacia el desarrollo, porque la educación por sí sola no salva.