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Caminamos sin brújula

Un poco de más, un poco de menos, un cambio generacional, un equívoco en la profecía del docente marcará, sin duda, la diferencia entre caminar o no con brújula.

Los resultados de la última prueba Pisa sobre la realidad de la educación mundial dejan ver que aún no atinamos con la verdadera senda por la que ha de llevarse al estudiante de hoy.

Parecería que avanzamos a palos de ciego, sin brújula ni norte hacia el tipo de formación que hoy se requiere. 

En efecto, cuando se habla de que tan solo un alumno de cada diez es capaz de diferenciar: “hecho” de “opinión” estamos con claridad estableciendo que nuestros estudiantes no saben pensar o han dejado de hacerlo.

La inmediatez, el interés por el resultado final, hace que descuiden no solo procesos sino criterios analíticos básicos. 

Convertir todo lo que escuchamos en un hecho cierto y verás es un denominador de estos tiempos y acaso por ello la confusión del adolescente que raudo busca la meta, aunque para ello deje los verdaderos caminos y vaya a campo traviesa.

De otro lado, queda claro que los modelos ‘per se’ no son válidos; la aparatosa caída de Finlandia junto a otras naciones que alcanzaron primacía, hablan con claridad de que la educación es más que un conjunto de factores que la imposición de un detalle en específico, por ello desde nuestra óptica venimos pidiendo e impulsando el desarrollo de un modelo ecuatoriano de educación.

Si rescatamos la lógica, si volvemos a las materias favorecedoras del desarrollo del pensamiento, si atendemos a la neurociencia más que a la novelería, posiblemente nos estemos acercando de mejor manera y con rigor a establecer aquellas necesidades básicas de un modelo educativo que tiene que ver por supuesto, con un acertado currículo, con calidad docente, con tecnología y materiales educativos y, por sobre todo, con equipos humanos capaces de comprender al que forman y, reconociéndose educadores, buscar el equilibrio en la mente del que aprende de manera integral.

Un poco de más, un poco de menos, un cambio generacional, un equívoco en la profecía del docente marcará, sin duda, la diferencia entre caminar o no con brújula.